Especialista colaborador
Compartir este contenido
cuando la normalidad se convierte en un riesgo
El artículo analiza cómo el efecto túnel puede aparecer no solo bajo situaciones de estrés, sino también durante actuaciones policiales rutinarias. 
Audio del artículoEscuchar artículo
Desde el punto de vista policial
El efecto túnel no significa necesariamente que el agente pierda el control o actúe de manera irracional. Se trata de una respuesta neurocognitiva asociada a situaciones de alta demanda. Un cierto nivel de activación puede mejorar la vigilancia y la velocidad de respuesta, pero cuando el estrés supera la capacidad de procesamiento del individuo, el rendimiento puede deteriorarse.
Por eso, en formación policial se trabaja la gestión del estrés, automatización de procedimientos, control respiratorio, conciencia situacional y entrenamiento bajo presión, con el objetivo de mantener la capacidad de percibir, decidir y actuar eficazmente incluso con una elevada activación fisiológica.
En una frase: el efecto túnel es la reducción del campo atencional y de la capacidad de procesamiento de información provocada por una elevada activación emocional, que puede hacer que el policía se centre excesivamente en la amenaza principal y deje de percibir o valorar otros estímulos relevantes de la intervención.
Durante varios años trabajé como formador policial en prácticas y simulaciones operativas, y durante ese tiempo pude observar un fenómeno que me llamó especialmente la atención: el denominado efecto túnel no aparecía únicamente en situaciones de estrés, amenaza o elevada activación emocional. También podía manifestarse en escenarios aparentemente tranquilos y controlados.
En determinadas prácticas, el exceso de confianza generado por la repetición de situaciones similares durante días, meses e incluso años parecía provocar un estrechamiento del foco atencional. El agente actuaba de acuerdo con un patrón previamente conocido y esperado, centrando su atención en aquellos elementos que consideraba relevantes y dejando en un segundo plano otros aspectos de la escena.
Un ejemplo muy claro se producía durante la parada e inspección de un vehículo que, a priori, no presentaba ningún requerimiento ni mostraba un comportamiento agresivo o sospechoso. Los agentes actuantes centraban prácticamente toda su atención en el conductor y en la interacción con él. Sin embargo, en algunas prácticas habíamos ocultado deliberadamente en la parte posterior del vehículo a una persona armada. En numerosas ocasiones, los agentes no realizaban una comprobación visual completa de esa zona y, por tanto, no detectaban la amenaza hasta que esta se hacía evidente.
Lo interesante era que en estas situaciones no existía un componente de estrés significativo. Al contrario, el escenario parecía rutinario y controlado. A raíz de estas observaciones, y tras comentarlo en diferentes cursos y reuniones con profesionales de la psicología, consideramos que podía existir un fenómeno relacionado con el efecto túnel, aunque producido por mecanismos diferentes a los habituales en situaciones de elevada activación emocional.
En este caso, podían intervenir factores como la habituación, la automatización de determinadas conductas, el exceso de confianza, las expectativas previas y la disminución de la vigilancia. El agente, al interpretar la situación como rutinaria y de bajo riesgo, podía reducir de manera inconsciente la exploración del entorno y concentrarse en aquello que esperaba encontrar.
El día a día de un policía en la calle puede convertirse, en determinadas funciones, en una actividad relativamente monótona: identificaciones de personas, controles de vehículos, intervenciones con ciudadanos desconocidos o con personas habituales, situaciones aparentemente normales y actuaciones que se resuelven una y otra vez siguiendo procedimientos conocidos.
Esta repetición tiene una ventaja evidente: la experiencia permite automatizar procedimientos y responder con mayor eficacia y rapidez. Sin embargo, también puede convertirse en un factor de riesgo cuando esa automatización hace que el agente deje de realizar una valoración activa y completa de la situación.
En definitiva, la experiencia puede generar una paradoja: cuanto más familiar resulta una situación, menor puede ser la necesidad percibida de analizarla conscientemente. El problema aparece cuando, dentro de un escenario aparentemente normal, existe un elemento anómalo que no coincide con las expectativas del agente.
En esas circunstancias, el policía puede incluso estar mirando hacia el lugar donde se encuentra la amenaza sin llegar a procesarla como tal. No se trata necesariamente de que el estímulo no sea visible, sino de que no recibe la suficiente atención cognitiva para ser identificado y valorado como relevante.
Este fenómeno resulta especialmente importante en la formación policial, porque obliga a plantearse que el entrenamiento no debería centrarse exclusivamente en situaciones de alto estrés. También debería contemplar escenarios aparentemente rutinarios y de baja activación, introduciendo elementos inesperados que obliguen al agente a mantener la conciencia situacional, romper automatismos y cuestionar sus propias expectativas.
La verdadera dificultad no siempre está en reaccionar cuando sabemos que existe una amenaza. En ocasiones, el mayor desafío operativo consiste en mantener la capacidad de detectar una amenaza precisamente cuando todo parece indicar que no existe ninguna.
Comentarios sobre este artículo
Comparte tu opinión o plantea una consulta al especialista. Todos los comentarios se revisan antes de publicarse.
Todavía no hay comentarios publicados. Puedes ser la primera persona en participar.