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Periódico Policial
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DE LA JURA A LA SEPULTURA. SIEMPRE POLICÍA.

¿Tienes claro quién eres cuando el uniforme se queda en la percha? No lo pregunto por provocar, lo pregunto porque he acompañado a personas para quienes esa respuesta no existía, y eso, sin el apoyo adecuado, lleva a lugares muy oscuros.

Cris Afonso
Colaborador Cris Afonso
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Hoy quiero hablar de sobre una frase que vi en el muro de uno de mis custodios en redes y qué precisamente es el título de este artículo:
«Siempre policía. De la jura a la sepultura.»

Esta frase que circula con bastante normalidad en el mundo policial, en los que llevan galones y responsabilidad cosida en el hombro.
La dicen con orgullo, con ese orgullo que nace de saber que uno ha elegido algo más grande que uno mismo, y tienen razón.
Esa vocación es real, es noble, y es de las pocas que conozco que te cambia desde el primer día, pero hay algo en esa frase que me ronda desde hace tiempo y que hoy quiero compartir aquí:

- ¿Qué pasa cuando esa frase deja de ser un orgullo y se convierte en una trampa?

Cuando alguien entra a este mundo lo hace con una promesa, no solo la que se pronuncia el día de la jura, con la mano en alto y los ojos brillantes.
Hay otra promesa, más silenciosa, que muchos se hacen a sí mismos: seré de los que protegen. Seré de los que no fallan. Y durante años, esa identidad sostiene. Es el ancla que impide que uno se pierda en el caos, cuando el turno se hace eterno, cuando lo que ves en el trabajo te sigue a casa o cuando el cuerpo acusa el desgaste.

El uniforme te recuerda quién eres y para qué estás aquí, eso tiene un valor que no se puede medir. Pero hay una línea, casi invisible, entre la identidad que sostiene y la identidad que ahoga.

He acompañado a personas que en algún momento se vieron obligadas a mirar el uniforme desde fuera: por una lesión, por una baja, por el paso del tiempo que nadie detiene... y lo que encontraron al otro lado no era vacío, era algo peor: la pregunta más difícil a la que se hayan enfrentado nunca.

- ¿Quién soy yo si ya no puedo ser policía?

Esa pregunta, sin respuesta, pesa de una manera que muy pocos pueden entender desde fuera, porque para muchos de ellos no era solo un trabajo. era lo que daba sentido a cada sacrificio, a cada cumpleaños perdido, a cada madrugada lejos de los suyos. Cuando esa razón de ser se tambalea, el suelo desaparece con ella.

La vocación más bonita del mundo puede volverse peligrosa cuando es lo único que te define. No lo digo para quitarle valor a la profesión, lo digo porque me importa lo que ocurre detrás del uniforme. Cuando toda la identidad de una persona cabe en un rol, cualquier amenaza a ese rol es una amenaza a la vida misma. Y eso, sin apoyo, sin haber construido nada fuera de la misión, lleva a lugares muy oscuros, lugares que conozco porque he estado allí con ellos.

La vocación policial merece todo el respeto del mundo. Y merece, también, esta conversación.
Merece que alguien te diga que puedes amar profundamente esta profesión y tener una vida propia fuera de ella, que ser buen policía no exige ser solo policía, que el día que el cuerpo te pida parar, o la vida te obligue a soltar el uniforme, seguirás mereciendo estar aquí.
No porque seas policía, sino porque eres madre, padre, hijo, hija, amigo o simplemente un humano que se ha ganado su espacio en el mundo.

Lo que el tiempo acompañando a quienes dan la vida por los demás me ha enseñado es esto: las personas más en riesgo no siempre son las que más sufren en voz alta. Son, muchas veces, las que han fundido tan hondo su identidad con la misión que, el día que la misión falla, sienten que fallan ellas y se hunden en silencio, sonriendo en los turnos, sin que nadie lo vea.

Construir identidad fuera del uniforme no es traicionar la vocación, es sobrevivir a ella. Y sobrevivir, en este oficio, también es valentía.

¿Tienes claro quién eres tú cuando el uniforme se queda en la percha?