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El auge del “gas de la risa”: un nuevo desafío policial entre los jóvenes

Análisis del creciente consumo recreativo de óxido nitroso entre la población joven desde una perspectiva policial y criminológica. El artículo examina su expansión en los espacios públicos, el papel de las redes sociales en su normalización y los desafíos preventivos y operativos que plantea para la seguridad ciudadana.

Juan Francisco Cebrián Díaz
Colaborador Juan Francisco Cebrián Díaz
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El auge del “gas de la risa”: un nuevo desafío policial entre los jóvenes


Son las dos de la madrugada. Una patrulla policial acude a un aparcamiento tras varias llamadas vecinales por ruidos y molestias. Sobre el suelo aparecen decenas de globos de colores dispersos entre latas y restos de comida. Junto a un banco, una botella metálica de gran tamaño conectada a una válvula dispensadora pasa de mano en mano mientras varios jóvenes se graban con sus teléfonos móviles entre risas.

Hace apenas unos años esta escena habría resultado excepcional. Hoy comienza a repetirse con una frecuencia cada vez mayor en numerosos municipios españoles.

El consumo recreativo de óxido nitroso (N₂O), conocido popularmente como “gas de la risa”, se ha convertido en una nueva realidad para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Lo que durante años estuvo asociado al uso de pequeñas cápsulas empleadas en repostería ha evolucionado hacia una práctica grupal cada vez más visible en espacios públicos y zonas de reunión juvenil.


Una práctica en rápida expansión


Uno de los aspectos que más llama la atención a los profesionales de la seguridad es la rapidez con la que esta práctica se ha extendido entre adolescentes y adultos jóvenes.

Hoy ya es habitual localizar en parques, plazas, aparcamientos, zonas de ocio nocturno o espacios deportivos grandes botellas presurizadas de óxido nitroso acompañadas de válvulas dispensadoras y globos destinados a su inhalación.

La facilidad de adquisición, su precio relativamente asequible y la percepción generalizada de que se trata de una sustancia poco peligrosa han favorecido enormemente su popularización. A ello se suma que el óxido nitroso posee usos legales en ámbitos alimentarios, industriales y sanitarios, donde puede emplearse bajo supervisión profesional. Sin embargo, la existencia de estos usos controlados no debe confundirse con su consumo recreativo en contextos no supervisados, una confusión que refuerza entre algunos jóvenes la falsa sensación de ausencia de riesgo.

Para numerosos jóvenes, el denominado “gas de la risa” no se percibe como una droga en el sentido tradicional del término, sino como una forma de ocio más dentro de determinadas dinámicas grupales.

Desde una perspectiva criminológica, la principal preocupación no es únicamente el consumo de la sustancia, sino la normalidad con la que comienza a percibirse entre muchos jóvenes. Cuando determinadas conductas de riesgo pasan a formar parte del ocio habitual de un grupo, dejan de generar rechazo y comienzan a reproducirse con mayor facilidad. Es en ese momento cuando el problema deja de ser exclusivamente sanitario o policial para convertirse también en un desafío preventivo.

La preocupación por esta tendencia no se limita al ámbito policial. Diversos organismos europeos relacionados con la salud pública y las adicciones han alertado durante los últimos años sobre el aumento del consumo recreativo de óxido nitroso entre jóvenes.

La Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) ha señalado que varios Estados europeos, entre ellos Francia, Irlanda, Portugal, Dinamarca o los Países Bajos, han detectado un aumento de la disponibilidad y del consumo recreativo de óxido nitroso entre la población joven durante los últimos años.

Esta circunstancia refleja que nos encontramos ante una tendencia que trasciende el ámbito local y que ya ha despertado la atención de numerosas instituciones a nivel internacional.


El papel de las redes sociales


Las redes sociales han desempeñado un papel fundamental en la expansión del fenómeno.

Plataformas como TikTok, Instagram o Snapchat muestran con frecuencia vídeos de jóvenes consumiendo óxido nitroso en contextos festivos, acompañados de música, bromas y situaciones aparentemente divertidas. Este tipo de contenido proyecta una imagen desenfadada e inofensiva que contribuye a reducir la percepción del riesgo.

La difusión masiva de estas imágenes genera un efecto de normalización especialmente intenso entre los adolescentes. Cuando una conducta aparece repetidamente asociada a experiencias positivas, aceptación social o popularidad digital, resulta más fácil que otros jóvenes la incorporen a sus propias formas de ocio.

Estos mecanismos de imitación y aceptación grupal han sido ampliamente estudiados por la criminología. Los adolescentes tienden a imitar aquellas conductas que observan en personas de referencia o en grupos con los que desean identificarse. Si además perciben una ausencia de consecuencias inmediatas, la sensación de riesgo disminuye considerablemente.


Lo que observan las patrullas en la calle


La experiencia operativa permite identificar una serie de patrones que se repiten en numerosos municipios.

En la calle, el fenómeno suele aparecer vinculado a concentraciones juveniles nocturnas, consumo de alcohol, molestias vecinales y ocupación prolongada de espacios públicos.

No es extraño localizar decenas de globos esparcidos por el suelo, botellas abandonadas tras su utilización o válvulas dispensadoras junto a bancos, aparcamientos y zonas deportivas. En muchas de estas actuaciones, lo más llamativo no es solo la presencia del material utilizado, sino la naturalidad con la que los jóvenes explican la conducta.

Para muchos de ellos no se trata de una práctica especialmente problemática, sino de una forma más de ocio grupal. Precisamente ahí radica una de las principales dificultades preventivas: cuando el riesgo deja de percibirse como tal, los mensajes tradicionales pierden buena parte de su eficacia.

Aunque el consumo de óxido nitroso no suele asociarse directamente a comportamientos violentos, sí puede contribuir a generar situaciones de descontrol, molestias para los vecinos y una progresiva degradación de determinados espacios públicos.

Además, la acumulación de residuos asociados a esta práctica transmite una sensación de abandono y falta de control que afecta negativamente a la percepción de seguridad de los ciudadanos.


Un problema que afecta a todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad


Aunque las primeras intervenciones suelen recaer con frecuencia sobre las Policías Locales debido a su proximidad al entorno urbano donde se desarrolla el fenómeno, la problemática afecta igualmente a Policía Nacional y Guardia Civil.

La expansión del consumo recreativo de óxido nitroso presenta implicaciones directas en ámbitos relacionados con la seguridad ciudadana, la prevención de conductas de riesgo, el control de concentraciones juveniles y la seguridad vial.

Ninguna institución puede afrontar este fenómeno por sí sola. La experiencia demuestra que la actuación policial resulta necesaria, pero también que la prevención requiere la implicación de centros educativos, familias, servicios sociales y recursos sanitarios.


La preocupación por la seguridad vial

Uno de los aspectos que mayor inquietud genera entre los profesionales de la seguridad es la detección de consumos realizados en el interior de vehículos estacionados o inmediatamente antes de conducir.

La corta duración de los efectos del óxido nitroso puede generar entre algunos usuarios una falsa sensación de control que les lleva a minimizar los riesgos asociados a la conducción tras el consumo.

La preocupación aumenta cuando esta práctica se combina con otras conductas habituales en determinados entornos de ocio nocturno, como el consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas.

Desde la perspectiva policial, cualquier alteración temporal de las capacidades psicofísicas supone un factor de riesgo que debe ser tenido en cuenta. La prevención adquiere aquí una importancia fundamental, especialmente cuando se trata de conductores jóvenes que pueden infravalorar las posibles consecuencias de sus actos.


Un encaje jurídico todavía insuficiente

Uno de los aspectos más complejos del fenómeno es su encaje jurídico.

A diferencia de otras sustancias tradicionalmente asociadas al consumo recreativo, el óxido nitroso no encaja de forma sencilla dentro de muchas de las herramientas administrativas utilizadas habitualmente para sancionar conductas relacionadas con el consumo de drogas en espacios públicos.

Esta situación genera incertidumbre operativa y provoca que las respuestas policiales puedan variar en función de las circunstancias concretas de cada intervención.

En numerosas ocasiones, las actuaciones terminan limitándose a medidas preventivas destinadas a evitar riesgos para la seguridad ciudadana, intervenciones relacionadas con la convivencia vecinal o actuaciones vinculadas a la seguridad vial cuando concurren circunstancias que así lo justifican.

Todo ello plantea la necesidad de reflexionar sobre si los actuales instrumentos normativos resultan suficientes para abordar determinadas formas emergentes de ocio asociado al consumo de sustancias.


Prevención y concienciación: la mejor respuesta

La experiencia acumulada en otros ámbitos relacionados con las conductas de riesgo demuestra que la prevención continúa siendo la herramienta más eficaz.

La respuesta frente al consumo recreativo de óxido nitroso no puede limitarse exclusivamente al ámbito policial o sancionador. Resulta imprescindible impulsar campañas informativas dirigidas a jóvenes y familias, mejorar la formación de los profesionales que intervienen sobre el terreno y reforzar la coordinación entre administraciones públicas, centros educativos, servicios sanitarios y recursos sociales.

A día de hoy resulta difícil conocer la verdadera dimensión del fenómeno, por lo que disponer de datos más precisos permitiría comprender mejor su evolución y adoptar medidas preventivas más eficaces.


Un fenómeno que exige anticipación
Hace apenas unos años, la mayoría de los agentes nunca habían intervenido ante un consumo recreativo de óxido nitroso. Hoy forma parte de la realidad cotidiana de numerosas patrullas en distintos puntos de España.

Su rápida expansión entre los jóvenes, la percepción generalizada de baja peligrosidad, la influencia de las redes sociales y las dificultades existentes para su fiscalización convierten esta práctica en un nuevo desafío para la seguridad y la convivencia.

La cuestión ya no es si esta tendencia continuará extendiéndose en determinados entornos juveniles, sino si seremos capaces de anticiparnos a tiempo para evitar que su normalización termine consolidándolo como un problema mucho más complejo de abordar en el futuro.

La experiencia policial demuestra que muchos fenómenos que hoy generan preocupación comenzaron siendo percibidos como simples modas pasajeras. El verdadero riesgo del consumo recreativo de óxido nitroso no es únicamente su presencia actual en nuestros espacios públicos, sino la posibilidad de que llegue a consolidarse como una práctica plenamente aceptada entre los jóvenes.

Por eso, la respuesta no debe esperar a que el fenómeno alcance mayores dimensiones. La prevención resulta más eficaz cuando se aplica antes de que la conducta se integre plenamente en las dinámicas habituales de ocio juvenil.

Cuando una conducta de riesgo deja de llamar la atención, suele ser porque ya ha empezado a normalizarse. Y cuando la normalización se instala, la prevención siempre llega más tarde.


Referencias


Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. Prentice Hall.

European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction (EMCDDA). (2024). Nitrous oxide: health and social responses. Publications Office of the European Union.

European Union Drugs Agency (EUDA). (2023). Recreational use of nitrous oxide: a growing concern for Europe. Publications Office of the European Union.

Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de Protección de la Seguridad Ciudadana.

Organización Mundial de la Salud (OMS). Documentación técnica sobre el uso sanitario del óxido nitroso y riesgos asociados a su utilización indebida.

Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA). Informes y estudios sobre consumo de sustancias psicoactivas en población joven.