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LA ODOROLOGÍA FORENSE: CUANDO EL PERRO SE CONVIERTE EN UN TESTIGO OLFATIVO DE LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL

Jesús Montero
Colaborador Jesús Montero
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En el ámbito de la investigación criminal, la ciencia y la tecnología han desarrollado herramientas cada vez más sofisticadas para identificar a los autores de delitos. Sin embargo, existe un recurso biológico cuya capacidad continúa superando a cualquier sistema artificial conocido: el olfato del perro.


La odorología forense es una disciplina criminalística que estudia, conserva y compara los rastros odoríferos humanos presentes en escenas del crimen. Mediante el empleo de perros especialmente adiestrados, es posible relacionar un olor recogido en el lugar de los hechos con el de una persona sospechosa, aportando una valiosa línea de investigación y, en determinados países, incluso una prueba con valor procesal.



-EL OLOR HUMANO: UNA HUELLA INVISIBLE:


Cada persona emite de manera constante una combinación única de compuestos químicos volátiles procedentes de la piel, el sudor, la respiración y otras secreciones corporales. Esta combinación genera una “firma odorífera” individual que, aunque puede verse influenciada por diversos factores, mantiene características suficientemente estables para ser identificada por perros entrenados.


Al igual que una huella dactilar o un perfil genético, el olor humano deja rastros sobre los objetos con los que entramos en contacto. Un arma, una herramienta utilizada en un robo, una prenda abandonada o cualquier elemento manipulado por el autor pueden conservar partículas odoríferas durante un tiempo variable dependiendo de las condiciones ambientales, incluso si el autor ha utilizado guantes para no dejar huellas dactilares.



  • LA CAPTACIÓN DEL OLOR EN LA ESCENA DEL CRIMEN:

La intervención comienza con los especialistas en odorología forense, quienes realizan la recogida técnica de muestras odoríferas en la escena.


Para ello se emplean materiales absorbentes estériles capaces de captar y retener las partículas de olor presentes sobre objetos o superficies relevantes para la investigación. Estas muestras son manipuladas bajo estrictos protocolos para evitar contaminaciones que puedan comprometer su validez posterior.


Las fuentes de olor pueden proceder de:

  • Armas empleadas en la comisión del delito.
  • Herramientas utilizadas para forzar accesos.
  • Vehículos relacionados con los hechos.
  • Prendas abandonadas.
  • Objetos manipulados por el autor.
  • Puntos concretos de una escena donde se presume la presencia del sospechoso.


Una vez obtenidas, las muestras son selladas, etiquetadas y documentadas para garantizar la correspondiente cadena de custodia.



  • LOS BANCOS DE OLOR HUMANO:

Uno de los elementos más característicos de la odorología forense es la existencia de los denominados bancos de olor.


Estos bancos consisten en colecciones de muestras odoríferas humanas obtenidas y conservadas bajo procedimientos normalizados. Su finalidad es disponer de referencias que puedan ser comparadas posteriormente con los olores recuperados en una investigación criminal.


La conservación de estas muestras exige condiciones controladas que permitan mantener la estabilidad de los compuestos odoríferos durante largos periodos de tiempo.


Cuando aparece un sospechoso, puede obtenerse una muestra de referencia de su olor para ser confrontada con la recogida en la escena del crimen mediante pruebas de identificación realizadas por perros especializados.



  • EL PERRO DETECTOR DE IDENTIDAD ODORIFERA:

El verdadero protagonista del proceso es el perro detector.


Gracias a un sistema olfativo extraordinariamente desarrollado, capaz de detectar concentraciones moleculares imperceptibles para el ser humano, estos animales pueden discriminar entre miles de olores diferentes y reconocer coincidencias extremadamente sutiles.


Durante la prueba, el perro recibe inicialmente la muestra procedente de la escena del crimen para memorizar el olor objetivo.


Posteriormente se le presenta una línea de recipientes o soportes que contienen diversas muestras de control junto con la muestra perteneciente al sospechoso.


Si el animal identifica una coincidencia entre el olor de referencia y una de las muestras presentadas, realiza una señalización previamente entrenada, normalmente una indicación pasiva como sentarse, tumbarse o permanecer inmóvil frente al recipiente correspondiente.


Para incrementar la fiabilidad del procedimiento se suelen realizar:


  • Pruebas a doble ciego.
  • Repeticiones independientes.
  • Participación de varios perros.
  • Protocolos que impiden que el guía conozca la posición de la muestra objetivo.


Estas medidas buscan minimizar cualquier influencia involuntaria sobre el comportamiento del animal.



  • FIABILIDAD Y LIMITACIONES:

Diversos estudios realizados en centros especializados han demostrado que los perros correctamente entrenados pueden alcanzar niveles de precisión muy elevados en tareas de identificación odorífera.


No obstante, la odorología forense no está exenta de debate científico y jurídico.


Factores como la contaminación ambiental, la degradación de las muestras, los errores de manipulación o la falta de estandarización internacional han llevado a que algunos sistemas judiciales mantengan una posición prudente respecto a su valor probatorio.


Por ello, muchos expertos consideran que los resultados obtenidos mediante perros odorológicos deben interpretarse en conjunto con otras evidencias como ADN, huellas dactilares, registros videográficos o testimonios.



- PAÍSES DONDE LA ODOROLOGÍA FORENSE TIENE RECONOCIMIENTO LEGAL:


La aceptación jurídica de esta técnica varía considerablemente entre diferentes Estados.


La odorología forense ha alcanzado un notable desarrollo y reconocimiento en países de Europa del Este, especialmente en:


  • Rusia
  • Hungría
  • Polonia
  • República Checa
  • Eslovaquia


En estos países se han desarrollado metodologías específicas de identificación odorológica que, bajo determinadas condiciones y garantías procesales, pueden llegar a ser admitidas como medio de prueba ante los tribunales.


Asimismo, Cuba es considerada una referencia internacional en el ámbito de la odorología criminalística, habiendo desarrollado durante décadas programas de investigación, bancos de olor humano y procedimientos operativos ampliamente reconocidos.


Por el contrario, en países como España, Francia o Alemania , los perros detectores de olor humano suelen emplearse principalmente como herramienta de investigación e inteligencia policial, siendo excepcional que una identificación odorológica constituya por sí sola una prueba concluyente de culpabilidad.


En una época dominada por el ADN, la inteligencia artificial y las tecnologías forenses avanzadas, el perro continúa ocupando un lugar privilegiado dentro de la investigación criminal.


La odorología forense demuestra que el extraordinario olfato canino sigue siendo una herramienta única para descubrir rastros invisibles al ser humano. Cuando se combina con protocolos rigurosos, una correcta cadena de custodia y el apoyo de otras evidencias criminalísticas, el perro puede convertirse en un auténtico testigo olfativo capaz de orientar una investigación hacia la identificación del autor de un delito.


Su capacidad para detectar, discriminar y comparar olores humanos sigue recordándonos que, en ocasiones, la herramienta más avanzada disponible para resolver un crimen continúa teniendo cuatro patas y una nariz extraordinaria.