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Periódico Policial
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Mamá quiero ser policía

Reflexión sobre la figura del policía más allá de la imagen externa del uniforme.


FRANCISCO CÁNOVAS
Colaborador FRANCISCO CÁNOVAS
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«Mamá, quiero ser policía», le decía un niño a su madre mientras contemplaba al imponente agente uniformado en la plaza del pueblo.

Quizá aquel niño solo veía un uniforme, un vehículo policial o un arma al cinto. Veía autoridad, admiración y respeto. Lo que todavía no podía comprender era todo aquello que no se ve. El sacrificio, la responsabilidad, las renuncias y el compromiso que se esconden detrás de una profesión que, más que un trabajo, es una forma de vivir y de entender el servicio a los demás.

Ser policía es mucho más que vestir un uniforme o portar un arma. No basta con aparentarlo; hay que creer en lo que representa y ejercer como tal cada día. Porque el uniforme no convierte a nadie en policía. Son los valores, la vocación y la profesionalidad los que le dan sentido.

Vivimos en una sociedad en la que el postureo, las redes sociales y la necesidad de aparentar parecen haberse convertido en prioridades. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez. Queremos las cosas aquí y ahora. Disponemos de aplicaciones para concertar una cita con un solo clic, elegimos la música que queremos escuchar en cualquier momento, vemos la película que deseamos cuando queremos y obtenemos innumerables servicios con tan solo pulsar un botón. Todo parece encontrarse al alcance de nuestra mano.

Esta realidad puede llevarnos a pensar, equivocadamente, que las grandes metas también pueden alcanzarse de la misma manera: seleccionando una opción en un ordenador o aprobando un examen. Pero hay cosas que no admiten atajos. Las profesiones que exigen entrega, sacrificio y vocación no funcionan así. Y es precisamente cuando aparecen el esfuerzo, la disciplina, la constancia y la dedicación cuando llegan las primeras frustraciones y muchos abandonan el camino.

Ser policía no es una meta que se alcanza el día en que se aprueba una oposición; es un compromiso que comienza precisamente ese día. Requiere estudiar cuando otros descansan, entrenar cuando otros se divierten y seguir aprendiendo cuando otros creen haberlo aprendido todo. Exige humildad para reconocer las propias limitaciones y determinación para superarlas.

Un buen policía debe ser un mediador y un conciliador antes que un mero ejecutor de la ley. Debe poseer conocimientos jurídicos, sanitarios y psicológicos; saber prestar los primeros auxilios a quien lo necesite y aplicar un torniquete para salvar una vida; ser capaz de reducir a una persona con proporcionalidad y profesionalidad cuando las circunstancias lo exijan y, al mismo tiempo, ofrecer una palabra de consuelo a una víctima que atraviesa el peor momento de su vida.

Debe saber escuchar antes que hablar, mantener el autocontrol cuando otros lo han perdido y tomar decisiones en apenas unos segundos que pueden tener importantes consecuencias. Ha de ser capaz de trabajar bajo presión, gestionar sus emociones, actuar en equipo y redactar con objetividad y precisión aquello que ha sucedido, porque una intervención no termina cuando cesa la actuación policial, sino cuando ha quedado fielmente reflejada en un informe.

La profesión policial exige una preparación física y mental permanente. La delincuencia evoluciona, la sociedad cambia y las necesidades de los ciudadanos son cada vez más complejas. Por ello, un policía nunca debe dejar de formarse. El aprendizaje y la mejora continua no son una opción, sino una obligación moral y profesional.

Pero, por encima de todo, ser policía exige integridad. Porque habrá días en los que nadie agradecerá tu trabajo, decisiones que serán cuestionadas y actuaciones que permanecerán en el anonimato. Y aun así, habrá que seguir actuando con honestidad, humanidad y profesionalidad. Cuando nadie mira es cuando verdaderamente se demuestra quién eres.

Quizá aquel niño que admiraba al policía en la plaza del pueblo solo veía un uniforme. Con el tiempo comprenderá que lo verdaderamente imponente no es lo que el policía lleva puesto, sino aquello que representa: vocación de servicio, sacrificio, disciplina, empatía, valor y compromiso con la sociedad.

Porque una placa se entrega, un uniforme se viste y un arma se porta. Pero ser policía se demuestra cada día.


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