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NO ERES UN NÚMERO DE PLACA. Sobre el suicidio en los cuerpos policiales y cómo hablamos de él.

Detrás de cada cifra sobre suicidio policial hay un compañero, no una estadística. Un artículo sobre cómo lo contamos, por qué importa hacerlo bien y qué dice la evidencia al respecto.

476 policías y guardias civiles se han quitado la vida en España desde 2001. Detrás de cada cifra hay un compañero, no una estadística. Un artículo sobre cómo hablamos del suicidio policial, por qué la forma de contarlo importa y qué dice la evidencia sobre comunicación responsable.


Cris Afonso
Colaborador Cris Afonso
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No eres un número de placa. Tampoco puedes quedar reducido a un cartel en un pasillo, a un lazo negro en redes o a un hashtag de #noestassolo. Detrás de la pérdida de un policía que no pudo con el sufrimiento, que no vio más opciones, hay algo que ninguna de esas cosas alcanza a decir.

Como sociedad tenemos el deber de sostener, mirar de frente y alzar la voz, de ponerle las palabras correctas a lo que está pasando delante de nuestros ojos. De no dejar que ese custodio quede solo en un recuerdo, y su familia, en un comentario de pasillo: "¿qué será de ellos ahora?".

Por eso quiero empezar hablando de lo poco qué sabemos sobre esto como ciudadanos y de lo sesgada e incompleta que nos llega la información a través de los medios y las instituciones.

Cuando un policía se quita la vida, la noticia, si llega a publicarse, casi siempre lo convierte en una cifra. Un dato más en la estadística del cuerpo. Un titular de dos líneas. Un nombre que nadie recuerda la semana siguiente.

  • Y ahí es exactamente donde falla la prevención.

Entre 2001 y agosto de 2025, 476 policías y guardias civiles se han quitado la vida en España, según una investigación de El Español: 286 de la Guardia Civil, 190 de la Policía Nacional. Una media de 19 al año que no baja. Los datos oficiales del Ministerio del Interior (123 casos entre 2018 y 2023) y los que manejan los sindicatos (165 en el mismo periodo, un 35% más) ni siquiera coinciden. Y en esa diferencia hay algo que debería preocupar tanto como la cifra en sí: una parte de los cuerpos locales y autonómicos ni siquiera entra en el recuento.


Detrás de esos números hay compañeros, no estadísticas. Lo dijo con claridad la asociación Independientes de la Guardia Civil hace unos meses: "Esto no es una fría suma de números. Hay compañeros, familias y amigos rotos." Esa frase debería ser el punto de partida de cualquier cobertura sobre el tema. Casi nunca lo es.

Los factores de riesgo que señalan quienes estudian el problema son conocidos dentro de la profesión, aunque rara vez se nombran fuera de ella: turnos que no dejan margen para la vida personal, exposición constante a situaciones límite, destinos lejos de la familia, protocolos internos que penalizan pedir ayuda más de lo que la facilitan, y un estigma que sigue convirtiendo el malestar en algo que se esconde antes que se comparte.

  • Y luego está lo que ocurre después: cómo se cuenta.

La Organización Mundial de la Salud lleva años publicando guías dirigidas a periodistas sobre cómo informar de un suicidio sin producir el efecto contrario al que se busca. No es un matiz técnico. Está documentado que cierto tipo de cobertura, detallar el método, situar el suicidio como titular principal, presentarlo como salida a un problema sin solución, puede empujar a personas vulnerables a actuar. Es el llamado efecto Werther. Frente a él existe el efecto Papageno: informar con cuidado, incluir recursos de ayuda, mostrar que pedir apoyo funciona, puede sostener a alguien que está en el límite.

Las pautas son claras. Ofrecer información precisa sobre dónde pedir ayuda. Tratar con respeto a quienes quedan. No situar el suicidio como el tema central de la pieza ni repetirlo sin necesidad. No de

tallar el método ni el lugar. No reducir las causas a un único motivo. Evitar titulares que dramaticen o imágenes que impacten más de lo que informan.

  • Y en el ámbito policial esto pesa doble.

Porque cuando la cobertura mediática reduce a un compañero a una cifra, repite algo que la cultura del cuerpo ya lleva haciendo tiempo: convertir a la persona en rango. En turno. En número de expediente. En parte de un informe. Si además los medios trasladan esa misma reducción hacia fuera, el mensaje que recibe cualquier agente que lo esté pasando mal es doble: dentro no importas como persona, y fuera tampoco.

Por eso el titular de este artículo no es solo una frase bonita. Es una instrucción concreta, tanto para quien escribe sobre estos casos como para quien los gestiona desde dentro de la institución. No eres un número de placa. No lo eres en un parte de servicio, no deberías serlo en una estadística de prevención, y desde luego no deberías serlo en una noticia que se publica cuando ya es demasiado tarde para ayudarte.

Cambiar esto no depende solo de que un periodista tenga buena intención. Las instituciones tienen que dar datos completos, no cifras sueltas. Los medios especializados en este ámbito tienen que tomarse en serio su parte de la prevención. Y dentro de los cuerpos, hablar de esto no puede seguir siendo un tema que solo se toca cuando ya ha pasado algo.

Gracias por estar. Espero que estas líneas te hayan hecho pensar en lo que significa dar voz de la forma adecuada: honrar a los que ya no están, y proteger a los que siguen al pie del cañón.

Si estás pasando por un mal momento, o te preocupa un compañero, no esperes. La línea 024 de atención a la conducta suicida está disponible las 24 horas, todos los días del año, y es gratuita y confidencial. Ante una urgencia inmediata, el 112.

Fuentes

Fuentes consultadas: 

  • El Español, "La epidemia que no cesa: 476 policías y guardias civiles se han suicidado en España desde 2001 y la media no disminuye", 22/09/2025.

  • Organización Mundial de la Salud, Preventing suicide: a resource for media professionals, actualización 2023.

  • Ministerio de Sanidad, Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027; línea 024 de atención a la conducta suicida.


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