Policía Local, especialista en Atestados, formador e impulsor de un canal útil para policías y ciudadanos. Una trayectoria marcada por la experiencia real, la seguridad vial y el compromiso con el servicio.
De soñar con el uniforme siendo niño a casi 23 años de carrera entre patrullas, educación vial, Atestados y una visión clara de lo que significa ser policía de verdad.
Dicen que la vocación es algo con lo que se nace o no, y en el caso de Javi, fue una mezcla. Desde pequeño miraba con admiración los uniformes de la Policía Local, la Nacional, la Guardia Civil o el ejército. Creció en una familia de ámbito militar donde el respeto a estas instituciones era un pilar fundamental. Sin embargo, la vida da vueltas. A los 18 años empezó Derecho casi por inercia, hasta que tuvo que dejarlo para trabajar. Pero la chispa seguía ahí. A los 26 años tomó la decisión después de un suceso personal que le hizo click en la cabeza: iba a ser policía. Se encerró durante más de un año en una habitación, día tras día, estudiando para alcanzar ese sueño de infancia. Jamás olvidará la llamada que recibió yendo a trabajar a Benicasim ya como interino: había aprobado su plaza fija en Alcora. Fue uno de los días más felices de su vida, solo superado por el nacimiento de sus hijos.
Su carrera profesional comenzó en 2004 en la Policía Local de L’Alcora, Castellón. Allí pasó 15 años que marcaron profundamente su forma de entender la profesión. Aprendió que en un pueblo de 11.000 habitantes, como muchos en España y donde se verán reflejados muchos policías que lean esto, eres “alumno de todo y maestro de nada”. Es el lugar donde te curtes de verdad, especialmente si tienes la suerte de contar con veteranos que te enseñen el oficio. Fue muy feliz allí, dedicando una década a la educación vial en colegios, una labor silenciosa pero esencial para prevenir y educar desde la base.
Durante esa etapa también inició su especialización técnica como Instructor de Tiro y en defensa personal, especialmente en Judo, disciplinas que considera fundamentales para la solvencia y seguridad del agente en su intervención diaria.
En 2018 sintió que necesitaba un cambio profesional. No mejor ni peor, diferente. Tras un paso por la unidad de motos en Burriana y vivir la dureza de la pandemia en primera línea —esos momentos que te recuerdan por qué elegiste ser policía—, su camino se centró definitivamente en la Unidad de Atestados, en Burriana, donde tuvo la suerte de estar con grandes profesionales con los que hoy sigue teniendo un lazo de amistad, especialmente Iván.
Para Javi, Atestados es una unidad por la que todo Policía Local debería pasar. Es una competencia exclusiva y donde realmente te enfrentas a la complejidad técnica. Le apasiona porque ningún atestado es igual a otro. Te hace intercambiar opiniones con tu binomio, conocer mejor al ciudadano en su cara B cuando ha sufrido un siniestro o ha cometido un delito contra la seguridad vial. Porque Atestados no es solo rellenar papeles; es reconstruir la verdad de lo que ha sucedido en el asfalto.
También obliga a pensar, a investigar delitos contra la seguridad vial del 379 al 385 del Código Penal, lesiones u homicidios por imprudencia, saber si ese atestado va por juicio rápido o no dependiendo del Juzgado de Guardia que tengas asignado esa semana. Una labor donde, como decían dos personas que le enseñaron parte de este oficio, “somos como semáforos y siempre tenemos que ir en ámbar”, ni muy tensos ni muy tranquilos, en una especie de alerta media constante.
Coincidiendo con la irrupción de los Vehículos de Movilidad Personal (VMP), realizó además una investigación exhaustiva durante más de un año sobre esta materia. Ese trabajo culminó en 2022 con un plan formativo para toda España a través del SPPLB, Sindicato Profesional de Policías Locales y Bomberos.
Desde 2022 desarrolla su labor en la Unidad de Atestados de la Policía Local de Vila-real, donde además ejerce como Instructor de Tiro de la plantilla, función que también desempeña en Alcora. Esta doble responsabilidad le permite mantener un perfil altamente especializado tanto en lo operativo como en lo técnico, compaginándolo con una importante faceta docente.
En el ámbito formativo es docente en el IVASPE, Instituto Valenciano de Seguridad Pública y Emergencias, así como en la Academia Preopol, referente en la Comunidad Valenciana. Allí imparte formación especializada en Delitos contra la Seguridad Vial, Atestados y supuestos prácticos de Tráfico. También colabora con entidades privadas aportando consultoría técnica y cursos relacionados con seguridad vial, especialmente con los VMP.
A pesar de haber sido siempre reacio a las redes sociales, su compromiso con la seguridad vial le llevó recientemente a abrir un canal en Instagram. Su objetivo es claro: democratizar el conocimiento normativo sobre los Vehículos de Movilidad Personal y resolver dudas tanto a compañeros policías como a ciudadanos.
En estos casi 23 años de servicio hay muchas anécdotas que se quedan grabadas en el alma, pero en especial tiene dos.
La primera, el “atracador” de carnaval. Eran tiempos del “Solitario” y recibieron un aviso de un hombre con la cara tapada entrando en bancos en Alcora con bolsas negras. Siete agentes, entre locales y guardias civiles, lo encañonaron con los nervios a flor de piel. Resultó ser el repartidor del correo que, por ser carnaval, no tuvo mejor idea que ponerse una máscara. La tensión de aquel momento fue máxima.
La segunda, espalda con espalda. En una pelea con más de 20 personas donde había bates de béisbol, Javi y su compañero Javi “Wilson”, al que define como su alma gemela en esta profesión, se vieron rodeados. Se pusieron espalda con espalda y se dijeron una frase que hoy sigue siendo una de sus frases: “Tu culo es mi culo”. Porque en esta profesión a un compañero jamás se le deja solo y, por desgracia, eso lo ha vivido en sus carnes. Ahí es donde uno se da cuenta del que ama esta profesión y del que piensa: “no hemos cobrado todavía y estamos a 29 de este mes”.
Después de casi 23 años de experiencia quiere permitirse el lujo de dar un consejo a todas esas personas que están estudiando o quieren ser policías. Dice que hay dos realidades: realidad uno y realidad dos. Está la realidad del opositor, que cuando empieza a trabajar descubre que prácticamente no le sirve para nada todo lo que ha estudiado si no sabe adaptarlo. Porque este oficio se aprende en la calle, tratando con el ciudadano, y no solo a base de denuncias, que muchas veces es lo último o penúltimo que debe hacer un policía en determinadas situaciones. Lo importante es saber manejar las situaciones del día a día, trabajar el judo verbal, porque si una cosa tiene clara es que nunca una actuación es igual que otra. Y es ahí donde se debe ver al verdadero policía: al servicio del ciudadano.
Hoy sigue disfrutando de su trabajo en Vila-real, aunque actualmente se encuentra de baja por una intervención quirúrgica. Lo hace con el orgullo de saber que aquel niño que soñaba con ser policía, lo consiguió.
PREGUNTAS
Cronosfera: ¿Qué es lo más importante que te ha enseñado la calle que ningún temario puede enseñar?
Javi: La calle te enseña, ante todo, la gestión de la incertidumbre. Pasas de estar en calma en el patrulla a 60 pulsaciones, a enfrentarte a un aviso crítico a 180 pulsaciones en segundos, sin saber realmente qué te vas a encontrar. Ahí comprendes que el binomio es sagrado: que dos somos uno y uno no es ninguno. Pero más allá de la táctica, la calle te enseña a empatizar con realidades sociales que no vienen en los libros y a entender que, por mucha formación que tengas, la humildad es clave porque nunca se sabe suficiente para controlar una intervención al cien por cien.
Cronosfera: Muchos opositores sueñan con aprobar y entrar al cuerpo. Una vez dentro, ¿con qué realidad se encuentran de verdad?
Javi: Yo creo, y desde mi perspectiva que ya lo viví en mis propias carnes, que una cosa es la teoría de la oposición o de la academia de Valencia, donde pasamos cinco meses aquí en la Comunidad Valenciana, y otra es la realidad que luego te encuentras en la calle, que no tiene mucho que ver con artículos y leyes que te has memorizado como un loro. Existe un abismo entre la teoría de la academia, en mi caso los cinco meses que pasé en Valencia más los meses anteriores estudiando para la oposición, y la realidad que te encuentras cuando sales de tu zona de confort. Como solemos decir los veteranos, el policía se hace en la calle.
A los nuevos les sobra ilusión, pero a veces llegan con un ímpetu sancionador que el tiempo acaba equilibrando. Descubren que la solución no siempre es el bolígrafo, sino entender el porqué del conflicto y saber cuándo un toque de atención es más efectivo que una denuncia.
Respecto a quienes llegan creyéndose invulnerables por llevar el uniforme, la calle les dota de humildad rápidamente. Mi consejo es claro: la formación debe ser constante, en tiro, táctica y normativa, porque la sociedad evoluciona y nosotros debemos hacerlo con ella.
Cronosfera: También viviste la pandemia en primera línea. ¿Qué recuerdos te dejó aquella etapa tan complicada?
Javi: Fue una etapa que me marcó profundamente. El miedo a contagiar a los míos me llevó a separarme de mi familia durante tres meses; fueron momentos de soledad e incertidumbre al llegar a casa. Profesionalmente, la exigencia fue máxima: interveníamos en situaciones de gran tensión, con toques de queda y un mal que no descansaba pese al virus. Sin embargo, también fue el momento en que más reafirmé mi vocación. Ver la vulnerabilidad de familias confinadas en pisos mínimos o la emoción de los mayores al dar sus primeros paseos te toca el corazón. Los aplausos de las 20:00 fueron un bálsamo, aunque supiéramos que, tras la crisis, volveríamos a la rutina de ser incomprendidos por algunos. En mi caso en concreto, éramos un pedazo de equipo de nueve personas que nos estuvimos apoyando y trabajando codo con codo. Pero sí es verdad que, una vez la situación empezó a calmarse, reflexioné y me dije: por cosas como estas me he hecho policía, para mantener el orden público y ayudar en la medida de lo posible a la sociedad, como pasó recientemente por desgracia en la DANA de Valencia.
Recuerdo perfectamente cuando empezaron a dejar salir por tramos y la gente de la tercera edad salía emocionada a dar su paseo, dándote las gracias por coordinar esas salidas con gente joven. Eso te toca el corazón, la verdad. También tengo que recalcar que la Policía Local de Burriana, donde llevaba un año y medio, me sorprendió gratamente por la disposición total de trabajar las horas que fueran necesarias en esos momentos. Una gran plantilla en uno de los momentos más duros e inesperados que se recuerdan en este país.
Cronosfera: Desde su experiencia, ¿cuál es la infracción o error más común que cometen los usuarios y que la gente debería conocer?
Javi: Hemos llegado a interceptar patinetes eléctricos que alcanzaban los 165 km/h, una auténtica temeridad sobre un vehículo tan inestable. El mayor peligro hoy es la manipulación de la velocidad y el desconocimiento técnico de lo que se compra; muchas veces se adquieren ciclomotores ilegales pensando que son simples VMP. Como policías, nuestra prioridad es proteger al peatón, especialmente a niños y ancianos, en ese terreno sagrado que es la acera. No es una cuestión de prohibir por prohibir, sino de evitar los traumatismos craneoencefálicos y los siniestros graves que vemos a diario en Atestados.
Cronosfera: Desde su experiencia en Atestados, ¿qué es lo que más desconoce la gente sobre la normativa y puede acabar trayendo problemas?
Javi: Tras diez años de convivencia con los VMP, el desconocimiento de las normas básicas ya no es una excusa válida, pero sí es cierto que existe un vacío en los aspectos técnicos, como por ejemplo los vatios de potencia máxima o si se puede llevar asiento a 25 km/h. Uno de los aspectos que quiero remarcar, y por el que seguro que me llegarán palos, es el engaño en la venta. Algunas tiendas, tanto físicas como online, venden vehículos como si fueran VMP cuando legalmente son ciclomotores o motocicletas ilegales por su potencia en vatios o velocidad. Y eso lo he comprobado personalmente, haciéndome pasar por comprador de VMP.
Además, hay detalles como la prohibición de usar auriculares, circular en sentido prohibido, ir dos personas en el VMP, no respetar semáforos o señales de stop, conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, que se siguen ignorando y que, en caso de siniestro vial, son determinantes en un atestado para establecer
responsabilidades. Hay jóvenes que piensan que lo que llevan entre manos es un juguete, y no, es un vehículo como cualquier otro.
Cronosfera: Después de casi 23 años viendo la realidad desde dentro, ¿cree que la sociedad valora de verdad el trabajo diario que hace un Policía Local?
Javi: Nuestra imagen ha evolucionado positivamente; hoy se nos ve como profesionales mucho más formados. Sin embargo, persiste el estigma del “auxiliar que mete multas”, cuando la realidad es que la denuncia es nuestra última herramienta.
Realizamos servicios de seguridad ciudadana, mediación en conflictos y auxilio en siniestros que van mucho más allá de lo que la gente imagina. De hecho, la complejidad de nuestro trabajo actual evidencia que la Ley 2/86 de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se ha quedado obsoleta y necesita una reforma profunda para adaptarse a las competencias que la Policía Local asume hoy en día.
Tras casi 23 años de servicio, Javi demuestra que la vocación no solo se mantiene con el tiempo, también evoluciona. De la calle a la formación, de Atestados a la divulgación, sigue apostando por mejorar la seguridad vial y acercar conocimiento útil tanto a profesionales como a ciudadanos.
Si quieres seguir su trabajo, resolver dudas o aprender más sobre normativa, tráfico y vehículos de movilidad personal, puedes encontrarlo en Instagram en @javivmp360, un canal pensado para policías y ciudadanos donde comparte información práctica, experiencia real y contenido de gran utilidad.
Historias como la de Javi recuerdan que detrás de muchos profesionales hay años de sacrificio, preparación y servicio silencioso. Desde Cronosfera le agradecemos su cercanía, su trayectoria y su forma de seguir aportando valor dentro y fuera del uniforme.

