Una mirada, junto al autor, a todo lo que no se ve detrás de la historia
QUIÉN ES LÍAN WILL
Para entender una historia como esta, primero hay que entender quién la escribe.
Lían Will no nace desde la literatura, sino desde la experiencia.
Nacido en Barcelona en 1976, su trayectoria comienza en el Ejército de Tierra, dentro de la Compañía de Operaciones Anfibias. Un entorno donde la disciplina, la preparación y la exigencia marcan el día a día.
Más adelante, da el paso hacia las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, donde continúa desarrollando su carrera profesional. Ese recorrido, lejos de quedarse en lo técnico, termina construyendo una forma de ver y entender la realidad que luego traslada a sus historias.
No escribe desde fuera.
Escribe desde dentro.
UNA TRAYECTORIA QUE ACABA EN LA ESCRITURA
En 2019 publica su primera novela, “Sin tregua”, con una intención clara: transmitir sentimientos y valores policiales, acercando al lector a una realidad que muchas veces se desconoce.En 2020 llega “El ojo del halcón”, donde profundiza en el mundo de las unidades de élite, manteniendo ese mismo estilo directo, ágil y sin artificios.
Ambas obras comparten una base sólida:
documentación, experiencia y una forma de narrar que busca más la verdad que el adorno.
Con “Los 17 de Kabul: la fuga de Aaqila”, el escenario cambia.
La historia se sitúa en uno de los momentos más tensos recientes: la evacuación de Kabul en agosto de 2021, tras la toma de control por parte de los talibanes.
Un contexto real, complejo y cargado de incertidumbre.
Pero la novela no se limita a reproducir lo ocurrido.
Va más allá.
UNA HISTORIA QUE VA MÁS ALLÁ DE LOS HECHOS
El propio autor lo deja claro: no se trata de contar solo lo que pasó, sino de construir una historia que permita entender lo que hay detrás.
La obra fusiona dos líneas:
* Por un lado, la evacuación del aeropuerto de Kabul y la misión de los agentes desplazados.
* Por otro, la historia de Aaqila, una mujer que representa una realidad marcada por la discriminación y la represión.
A esto se suma la figura del inspector Vargas, que aporta la visión operativa y muestra la complejidad real de una misión de este tipo.
El resultado es una historia que no se queda en la superficie, sino que entra en el contexto humano, social y operativo.
ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN
Uno de los puntos clave de la novela es su equilibrio.
Está basada en hechos que ocurrieron, pero no pretende ser un documento literal.
El propio autor reconoce que introduce elementos de ficción para dar forma a la historia y conseguir que el lector se implique.
Esa combinación permite algo importante:
no solo entender lo que pasó, sino también sentirlo.
UNA INTENCIÓN CLARA
Más allá del relato, hay una intención que se repite a lo largo de toda su trayectoria:
- Dar valor a quienes están detrás de este tipo de situaciones.
- Mostrar lo que no siempre se ve.
- Y contar historias que, de otra forma, se quedarían en titulares.
En esta novela, además, hay un componente añadido: la necesidad de dar visibilidad a realidades como la de las mujeres en Afganistán.
EL TRABAJO QUE HAY DETRÁS
Nada de esto se construye solo.
Detrás de la novela hay un proceso donde la documentación, la experiencia y la colaboración juegan un papel clave.
El propio autor reconoce la importancia de las personas que han formado parte del proyecto: desde el equipo editorial hasta quienes han aportado conocimientos técnicos o apoyo durante el proceso.
Un trabajo que no se ve, pero que sostiene toda la historia.
PREGUNTAS
Cronosfera:
Cuando cierras una historia como esta, ¿qué es lo que más te queda: la propia historia o todo lo que hay detrás?
Lían Will:
En mis dos primeras novelas, las historias estaban muy ligadas a mi propia trayectoria policial, ya fueran vivencias en primera persona o experiencias de compañeros cercanos. Eso hacía que, al terminarlas, lo que más permaneciera fuera precisamente esa parte vivida.En esta tercera historia ha sido diferente. He tenido que construirla desde otra perspectiva, apoyándome en documentación y en experiencias de personas que, aunque no forman parte directa de mi entorno, comparten los mismos valores y forma de entender la profesión.Por eso, en este caso, no me quedo solo con la historia en sí, sino con todo el proceso que hay detrás: la investigación, las conversaciones y la responsabilidad de intentar trasladar algo tan complejo de la manera más fiel posible.
Cronosfera:
Se nota que hay un trabajo detrás y gente que te ha ayudado… ¿qué ha significado para ti todo ese apoyo durante el proceso?
Lían Will:
El apoyo que he recibido ha sido clave. No solo por parte de compañeros de distintos cuerpos policiales, sino también de militares, sanitarios, opositores y muchas otras personas que, de una forma u otra, comparten esa manera de entender y vivir esta profesión.Todo ese respaldo ha sido fundamental para seguir adelante con las novelas.Al final, te das cuenta de que no estás solo en esto, y eso se traduce en motivación para continuar.Me siento agradecido, recompensado y, sobre todo, satisfecho de haber podido contar con tanta gente durante el proceso.
Cronosfera:
Desde que publicaste la novela, ¿cómo has vivido todo lo que ha ido pasando alrededor de ella?
Lían Will:
Después de cada publicación siempre surgen dudas y preguntas. Te planteas si realmente vas a conseguir llegar al lector, si lo que has escrito va a ser capaz de transmitir algo y, en cierta manera, tocar un poco su interior.En mi caso, nunca he buscado enseñar técnicas operativas ni dar lecciones a nadie. Ese no es el objetivo.
Lo que intento con cada novela es algo más sencillo: que quien la lea pueda entender un poco mejor los valores y las emociones que hay detrás de la profesión policial.
Al final, todo lo que ha ido pasando alrededor de la novela lo he vivido desde ahí, con esa idea clara de fondo.
Cronosfera:
A los que están ahora mismo opositando o pensando en entrar, ¿qué les dirías de verdad?
Lían Will:
Les diría que no se rindan. Es un proceso largo, pero forma parte de la transformación necesaria para crecer, tanto a nivel personal como profesional.También les diría algo importante: donde no llega la motivación, llega la disciplina. Y esa es la que realmente te mantiene en el camino.Es una profesión exigente, pero también es, para mí, el mejor trabajo del mundo… siempre que lo vivas de verdad.Y una vez dentro, no dejas nunca de aprender.A lo largo de mi trayectoria he pasado por distintas unidades: desde seguridad ciudadana, una unidad de reacción rápida en moto, hasta grupos de violencia de género, protección de personas, entradas, registros u orden público.También he dedicado años a formarme para poder enseñar dentro de la organización, impartiendo clases a compañeros en distintas competencias policiales.Actualmente formo parte de una unidad subacuática, donde trabajamos en funciones de policía judicial junto a un equipo de grandes profesionales.
Todo ese recorrido te enseña una cosa: este trabajo no es estático, es una evolución constante.
Hay historias que se leen.
Y hay historias que te obligan a mirar un poco más allá.
“Los 17 de Kabul” es una de esas.
Si quieres seguir de cerca el trabajo del autor y todo lo que hay detrás de sus historias:
Instagram @sin.tregua_lian.will

