DANA 2024, DOS AÑOS DE LA CRIMINALIDAD “EX POST FACTO”
El impacto de la DANA de 2024 en Valencia, generó un escenario de vulnerabilidad extrema que dio lugar a un fenómeno delincuencial ex post facto (posterior al desastre), ampliamente analizado desde las ópticas criminológica y penal. La quiebra temporal de los mecanismos formales de control y el aislamiento de las poblaciones afectadas, propiciaron dinámicas delictivas específicas que derivaron en respuestas operativas policiales y judiciales no antes vistas.
Martes 29 de octubre de 2024 es la fecha que muchos valencianos, recordaremos como algo inédito, un hecho inusual, el cual cambió la vida a infinidad de personas. Aquella fatídica tarde, muchas personas perdieron la vida, sus hogares, sus pertenencias y otros, la cualidad humana de ser humano, sus principios y valores éticos.
Para ello, primeramente, pondré en contexto al lector y para profundizar, contaré mi caso concreto. Del 25 de octubre al 15 de noviembre del 2024 disponía de vacaciones para finalizar trabajos universitarios (vacaciones que no había podido disfrutar en período estival), pero después del hecho acaecido en aquella fatídica tarde del martes 29, recordé el haber jurado fielmente la Constitución Española, el deber de servir, proteger y hacer cumplir las leyes, inundó mi vocación como agente de la autoridad, debiendo de marchar un total de diez (10) días con jornadas de diez (10) y doce (12) horas a la localidad que más cercana disponía en mi ámbito territorial, siendo el municipio de Algemesí (Vlc), la cual se encontraba totalmente devastada y anegada por el barrizal.
Debo indicar, que en su momento estuve dos veces comisionado en Algemesí, prestando servicio un total de casi cinco (05) años, por lo que disponer una persona con conocimientos del terreno (a pesar de estar destruido), era importante para su respuesta operativa en dicho momento, siendo bien acogido por la Policía Local y los compañeros de Algemesí.
Al estar en período vacacional, no se me podía autorizar el ir con mi arma reglamentaria, ni con el uniforme reglamentario con insignias, pero nadie me impedía que pudiera ir con pantalones de otro municipio, mis botas propias, mi cinturón propio, mi chaleco antibalas pagado de mi bolsillo, una sudadera de color azul marino y mi defensa a modo de voluntario y total solidaridad con los habitantes de Algemesí (Vlc).
Siempre recordaré ese compañerismo entre FFCCSS, el voluntariado que se desvivió, aquellos lugares de avituallamiento custodiado por militares y miembros policiales, pero debiendo de incidir en las primeras líneas de mi escrito, recuerdo y recordaré, la pérdida de; la cualidad humana de ser humano, sus principios y valores éticos en muchas personas.
Con esta última frase, debo referirme a la criminalidad que existe en un hecho “ex post facto”, lo que literalmente significa, "a partir del hecho posterior" o "después del hecho".
No sería justo el hablar de únicamente de un municipio cuando fueron muchos los afectados, por lo que no me centraré únicamente en nombrar a Algemesí, ya que localidades como Utiel, Cheste, Chiva, Buñol, Paiporta, Picaña, Catarroja, Alfafar, Massanassa, Benetússer, Sedaví, Albal, Torrent, Aldaia o Turís también estuvieron en la “zona cero” de la Dana 2024.
Se contabilizaron más de 500 detenciones por robos, pillajes y saqueos cometidos en las zonas devastadas por las inundaciones (en todas ellas). El fenómeno delictivo posterior a la catástrofe, se vio afectada en diferentes puntos clave:
1.-Tipos de delitos cometidos.
• Saqueos comerciales: Los primeros días, fruto del trance de la confusión y el desorden generalizado de medios y servicios, se registraron asaltos masivos a centros comerciales, concesionarios y tiendas en localidades gravemente afectadas como Aldaia, Alfafar y Benetússer. A diferencia de la sustracción de bienes de primera necesidad, se detectaron que el foco principal fueron artículos de valor o tecnológicos, tales como joyas, consolas de videojuegos, teléfonos, relojes y material deportivo.
• Robos con fuerza en domicilios y vehículos: Ante la falta de fluido eléctrico y la vulnerabilidad de las viviendas deshabitadas o dañadas, se cometieron robos con fuerza dentro de propiedades privadas. También se reportaron casos de roturas de cristales en miles de vehículos destrozados o abandonados en las vías públicas para sustraer pertenencias de su interior.
Ampliando información acerca de los turismos, la situación fue dantesca en cuanto a la sustracción de los mismos, ya que habían sido retirados en zonas apartadas y polígonos en un primer momento, (para ejercer la restitución del tráfico rodado por los servicios de emergencia dentro de población), donde grúas piratas, cargaban los mismos sin ningún pudor ni control. Al no funcionar los sistemas de grabación, ni vigilancia directa en esas zonas, la impunidad ante el robo era máxima.
2.- Respuesta policial y jurídico legal por el poder judicial.
• Despliegue de seguridad: Policías Locales, Policías Nacionales, Guardias Civiles, Ertzainas, Policías Forales, Guardias Urbanos, Mossos d´Esquadra y militares en todas sus especialidades, se volcaron con la situación, reforzando los patrullajes nocturnos y la seguridad ciudadana en el momento de incertidumbre. La ausencia de alumbrado público generó altos niveles de inseguridad comunitaria, lo que cualquier turismo o persona en plena noche, era un candidato para proceder a su debida identificación y saber que disponía entre sus pertenencias.
• Criterio fiscal de "impunidad aprovechada": Los juzgados de instrucción (como los de Torrent) y la fiscalía provincial de Valencia, aplicaron un criterio de máxima severidad. Decretaron prisión provisional comunicada y sin fianza para decenas de arrestados bajo el argumento jurídico de que los delincuentes se habían aprovechado deliberadamente de la tragedia. La atención prioritaria de las Fuerzas de Seguridad estaba focalizada en salvar vidas y rescatar víctimas, una coyuntura de desprotección que facilitó la comisión de los delitos.
3.- Autodefensa vecinal.
Ante el caos, el miedo de las primeras noches, el descontrol y la incertidumbre, los vecinos de determinados municipios, se organizaron en patrullas vecinales improvisadas por su propia cuenta. Establecieron turnos de vigilancia nocturna y barricadas en los accesos de sus fincas para disuadir a los saqueadores hasta que se estabilizó la presencia policial en las calles los días posteriores.
Cuando ocurre un hecho tan fatídico, se inunda de barro y agua tus pertenencias más preciadas, no quedando un lugar de tu hogar sin disponer suciedad, por lo que en los primeros días, los habitantes (con la ayuda solidaria de los voluntarios), sacaban todas sus cosas a la puerta de casa para posteriormente, realizar el triaje de lo que se podría lavar y reacondicionar, siendo en ese momento de la casa vacía cuando se procedía a limpiar la misma de barro y lodo.
Era en ese momento, cuando personas disfrazadas de voluntarios y “buen corazón”, realizaban sus abastecimientos de objetos y cargaban sus objetos.
En mi caso particular, puedo recordar el hecho de personas venidas desde Albacete y Murcia, con intenciones de “ayuda”, los cuales se intentaron aprovechar de las desgracias de otros, siendo la respuesta policial excelente.
Pero también he de decir, que entre el caos y destrucción, hubo recuerdos que perduraran para siempre en mi retina y corazón. Esos recuerdos, eran los servicios solidarios y de urgente necesidad que se hacían. Dentro de uno de mis cometidos y atribuciones, me permití la voluntariedad de la solidaridad a personas mayores, ya que a pesar de disponer centros de control de alimentación de donaciones, las personas mayores y con movilidad reducida era imposible el poder desplazarse entre unas calles anegadas de barro, llamando a la Policía Local de Algemesí para informar que no disponían de comida o tal vez ni de agua.
Dentro de esta vocación de servir al ciudadano, me dirigía a los centros de avituallamiento y buscaba los productos de urgente necesidad, tales como agua, leche, pasta, arroz, lentejas, conservas de todo tipo y papel de baño. Al subir a los pisos y viviendas de los más necesitados (recordar que los ascensores no funcionaban), el lenguaje no verbal de los ciudadanos era lo que me hacía seguir con ganas de seguir ayudando. Te recibían con lloros, con abrazos, te contaban su situación, te preguntaban de donde venías a ayudar, y daban las gracias con invocación a Dios. Y sí, repito lo dicho, con invocación a Dios, ya que todo el mundo son escépticos, hasta que ocurre una desgracia y su última salvación es la oración y la súplica a algo desconocido, y ese hecho, se me dio en todas las viviendas que habían llamado a la Policía Local solicitando comida y ayuda.
Hoy hace dos años de dicha catástrofe, hoy hace dos años me cambió la visión de servir y proteger, hoy hace dos años que aprendí, que los principios y valores humanos, se pueden mermar y verse ennegrecidos por un beneficio propio para quitarle al más vulnerable, pero también debo indicar, que hoy hace dos años, aprendí que la sociedad española tiene la capacidad de reacción ante calamidades de esta índole y que en su conjunto, presta su ayuda a los más necesitados.
Para finalizar, quiero dejar escrita la frase que para mí, tuvo una gran importancia: «el pueblo salva al pueblo», ya que la lentitud o falta de respuesta institucional en los primeros momentos, hizo que miles de ciudadanos de a pie, asociaciones y voluntarios se organizaron para acudir a las “zonas cero” con palas, comida, agua y productos de limpieza, viendo un gran gesto de solidaridad digno de mención y respeto.
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