Periódico Policial – A las 19:00 horas, con más de 35 grados en Galapagar, Mario y Adrián arrancan el vehículo patrulla para comenzar un nuevo servicio. El calor forma parte de una jornada que afrontan con naturalidad después de haber pasado buena parte de sus vidas profesionales en las Fuerzas Armadas.
Ahora visten el uniforme de la Policía Local, pero ambos mantienen un profundo vínculo con el Ejército. Aseguran que volverían a elegir la carrera militar por las experiencias vividas, los valores adquiridos y los compañeros que encontraron durante aquellos años.
El cambio no se produjo por falta de vocación. Los dos comenzaron a preparar una alternativa ante el futuro que afrontan los militares temporales de la Escala de Tropa y Marinería cuando llegan a los 45 años.
Mario y Adrián explican que muchos compañeros alcanzan esa edad con familia, hijos, una hipoteca y dos opciones principales: incorporarse al mercado laboral o permanecer en la reserva con una asignación de 725 euros brutos, una cantidad que consideran insuficiente para sostener una vida familiar.
Galapagar reservó plazas para militares
Los dos agentes lograron incorporarse a la Policía Local de Galapagar mediante una convocatoria que reservaba plazas específicas para personas procedentes de las Fuerzas Armadas.
La iniciativa fue anunciada en marzo de 2024 por la alcaldesa del municipio, Carla Greciano, quien estableció que el 20 % de las plazas de Policía Local se destinara a militares.
El Ayuntamiento defendió la medida como una oportunidad para incorporar profesionales acostumbrados a trabajar bajo presión, asumir responsabilidades y mantener un firme compromiso con el servicio público.
Madrid capital había implantado una reserva dos años antes, aunque con un modelo diferente. Allí, los aspirantes procedentes del Ejército compiten en el proceso con el resto de candidatos, mientras que en Galapagar las plazas reservadas se disputan exclusivamente entre personal militar.
Mario y Adrián dejan claro que no reclaman un acceso sin esfuerzo. Ambos superaron las correspondientes oposiciones y consideran que este tipo de convocatorias reconoce la experiencia acumulada por quienes han dedicado una parte importante de su vida al servicio en las Fuerzas Armadas.
Su petición es que otros ayuntamientos adopten iniciativas semejantes y ofrezcan nuevas salidas profesionales a los militares antes de que alcancen el límite de edad.
Mario: 18 años, el Ejército y una misión en Irak
Mario ingresó en las Fuerzas Armadas al cumplir los 18 años. La vida militar siempre le había llamado la atención y también contaba con el ejemplo de su hermano, que había seguido anteriormente ese camino.
Comenzó en la Escala de Tropa y Marinería y permaneció durante 14 años destinado en el Regimiento de Infantería Asturias 31, ubicado en la base de El Goloso.
También formó parte de la Compañía de Fusiles y desempeñó funciones como mecánico de armas.
En 2017 fue desplegado en Irak, donde participó en una misión de apoyo al Ejército iraquí dentro de la lucha contra el grupo terrorista Daesh.
Cuando accedió a las Fuerzas Armadas conocía que su permanencia podía finalizar al alcanzar los 45 años, pero reconoce que aquella circunstancia parecía lejana al comienzo de su trayectoria.
Con el paso del tiempo comprendió que debía construir un futuro profesional alternativo. Un amigo que había accedido a la Policía Local le animó a intentarlo y comenzó a prepararse en una academia mientras continuaba ejerciendo como militar.
Después de tres años de estudio logró superar el proceso selectivo y obtener una plaza en Galapagar.
Adrián: de Cazadores de Montaña y la Guardia Real a la Policía Local
Adrián ingresó en el Ejército a los 21 años, impulsado por su afición al deporte y su interés por la profesión militar.
Su primer destino fue el Regimiento de Infantería Cazadores de Montaña América 66, en Navarra, donde permaneció durante seis años.
Posteriormente pasó a formar parte de la Guardia Real y también participó en una misión internacional en el Líbano.
En 2025 comenzó su formación en el Instituto de Formación Integral en Seguridad y Emergencias. Su objetivo era permanecer profesionalmente en la Comunidad de Madrid y encontró en la Policía Local una vía para aprovechar la preparación adquirida durante su etapa militar.
Al igual que Mario, dedicó tres años a preparar las oposiciones.
La obtención de la plaza le permitió dejar atrás la incertidumbre que había arrastrado durante años al no saber qué ocurriría con su carrera cuando alcanzara la edad límite dentro de Tropa y Marinería.
«Se pierden años de experiencia»
Ambos agentes advierten de que numerosos militares atraviesan situaciones especialmente complicadas al acercarse a los 45 años sin disponer de una salida profesional clara.
Consideran que las administraciones deberían ofrecer más alternativas para evitar que se pierdan conocimientos adquiridos durante años de preparación, maniobras, misiones y servicios de responsabilidad.
La disciplina, el trabajo en equipo, el control emocional y la capacidad para actuar en escenarios de presión son competencias que pueden trasladarse a numerosos puestos dentro de la seguridad pública.
Mario y Adrián representan esa transición. Han cambiado de institución y de funciones, pero continúan desempeñando un trabajo orientado a proteger y servir a los ciudadanos.
De un entorno militar a la atención directa al ciudadano
La adaptación a la Policía Local también les ha obligado a modificar su manera de trabajar.
Describen el ámbito militar como una estructura más cerrada, con una organización y unas relaciones internas muy definidas. En el servicio municipal, en cambio, el contacto con la población es continuo y exige cercanía, comunicación y capacidad para responder ante problemas muy diversos.
También consideran que el acceso a la Policía Local presenta mayores dificultades que el ingreso inicial en las Fuerzas Armadas.
La peligrosidad es diferente. Durante una misión en un país como Irak, el militar conoce de antemano el escenario al que se enfrenta y adopta una mentalidad preparada para el riesgo. En las calles de un municipio, una llamada aparentemente rutinaria puede transformarse en una intervención imprevisible.
Un aviso por ruidos, una discusión vecinal o una incidencia menor pueden derivar en una situación de mayor gravedad sin que los agentes sepan previamente qué encontrarán al llegar.
Una segunda vocación sin renunciar a la primera
A las 20:00 horas, una nueva comunicación interrumpe la conversación. El oficial les informa de que ha entrado un aviso y ambos deben regresar al vehículo patrulla.
Mario y Adrián han encontrado en la Policía Local una nueva trayectoria después de años de incertidumbre. Continúan recordando con orgullo su paso por el Ejército, una profesión que consideran irrepetible, pero que también les obligó a preparar con antelación una salida antes de cumplir los 45 años.
Ahora patrullan Galapagar, atienden directamente a sus vecinos y aplican en las calles parte de la disciplina y experiencia adquiridas durante su vida militar.
Su historia refleja tanto la capacidad de adaptación de quienes proceden de las Fuerzas Armadas como la necesidad de ofrecer oportunidades profesionales a un personal formado y experimentado que todavía puede aportar décadas de servicio a la sociedad.
Esta información ha sido elaborada a partir de una publicación de EL ESPAÑOL.

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