Hoy, en Diario Blue, viajamos hasta la provincia de Entre Ríos, Argentina, para conocer la historia de Facundo Calveyra, un oficial de Policía de 36 años cuya trayectoria profesional no comenzó con una vocación perfectamente definida ni con la certeza de saber cuál sería su lugar dentro de la institución.
Su historia comenzó mucho antes de vestir el uniforme.
Desde pequeño, Facundo fue aficionado y practicante de artes marciales. Creció viendo películas de acción y de héroes y reconoce que, de alguna manera, soñaba con que su propia vida pudiera parecerse a aquello que veía. Había algo que le atraía de la preparación, del combate y de aquellas personas a las que consideraba tipos duros. Quería ponerse a prueba y llegar a ser uno de ellos.
En 2007 terminó el secundario. Comenzó a trabajar y a estudiar publicidad, pero buena parte de lo poco que ganaba tenía un destino muy diferente: entrenamientos de sistemas israelíes y otras disciplinas relacionadas con la preparación física y el combate.
Todavía no era policía, pero ya existía en él una búsqueda que terminaría condicionando su futuro.
Cinco años después, en 2012, tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Dejó su trabajo e ingresó en la Escuela de Oficiales de Policía.
Lo hizo, según reconoce él mismo, sin saber demasiado bien dónde se estaba metiendo. En aquel momento ni siquiera tenía clara la diferencia entre un oficial y un suboficial. Su padre fue quien le aconsejó que optara por la carrera de oficial.
Facundo confió en él.
Y así comenzó su camino dentro de la Policía.
Durante aquella etapa hubo un ámbito que despertó especialmente su interés: la contención de desórdenes. Veía a quienes desempeñaban ese trabajo como los perfiles más combativos y aquello conectaba directamente con la inquietud que le había acompañado desde joven.
En 2015 egresó de la Escuela de Oficiales y comenzó a buscar un destino que le permitiera realizar trabajo de campo.
Terminó destinado en una comisaría cuya jurisdicción estaba compuesta, aproximadamente en un 80 %, por barrios muy vulnerables. Allí permaneció durante seis meses hasta que, por recomendación de otro oficial, fue trasladado a la Patrulla Motorizada.
Aquel traslado marcaría un antes y un después en su trayectoria.
Facundo quería profesionalizarse y comenzó a buscar formación especializada. Dentro de las operaciones motorizadas identificó al Grupo de Operaciones Motorizadas Federales de la Policía Federal Argentina como uno de los grupos con mayor experiencia y exigencia, y decidió capacitarse con ellos.
Después de 30 días de formación, se convirtió, según relata, en el primer oficial entrerriano en obtener esa distinción.
Aquello fue solamente el principio.
Su intención era desarrollar esa especialidad dentro de su propia Policía, por lo que continuó capacitándose y buscando formación relacionada con las operaciones motorizadas.
Pero crecer profesionalmente no siempre significó avanzar.
Facundo cuenta que su especialización no fue bien recibida por todos en el lugar donde trabajaba. Según explica, no a todos les gustaba que alguien destacara o desarrollara capacidades que, en aquel momento, superaban las de algunos de sus propios jefes.
Comenzaron a apartarlo de las tareas que realmente le gustaban, en muchas ocasiones como una forma de reprimenda.
Y poco a poco empezó a perder aquello que lo había llevado hasta allí: la motivación.
Facundo no había ingresado en la Policía por el dinero. Buscaba acción. Quería aprender. Necesitaba sentir que aquello que hacía tenía un propósito.
Sin embargo, después de haberse formado precisamente para desarrollar determinadas funciones, llegó un momento en el que ya no podía hacer aquello que más le interesaba.
La situación tenía además una contradicción difícil de asumir. De acuerdo con su legajo, era uno de los oficiales con mayor especialización en operaciones motorizadas que tenía la Policía, pero esa preparación no significaba que pudiera trabajar en el área en la que quería estar.
La frustración fue creciendo.
Comenzó un negocio particular y empezó a contemplar seriamente una decisión que habría cambiado por completo su historia: irse de la Policía.
Habían transcurrido ya seis años de servicio, además de los años de internado en la Escuela de Oficiales, y Facundo comenzó a pensar que quizá su futuro se encontraba fuera de la institución.
Entonces llegó el 23 de febrero de 2021.
Ese día recibió el traslado a la División Guardia de Infantería Adiestrada, Sección Grupo de Operaciones Motorizadas.
Y encontró aquello que llevaba años buscando.
Su lugar.
Su hábitat.
Su hogar.
Allí pudo comenzar a volcar todo lo aprendido durante los años anteriores. Y aquella formación empezó a tener también un propósito que iba más allá de su propio desarrollo profesional: utilizar sus conocimientos para ayudar a la comunidad y, al mismo tiempo, contribuir a que otros policías pudieran convertirse en mejores profesionales.
Resulta paradójico que tuvieran que pasar nueve años desde su ingreso en la institución para que sintiera que su verdadera carrera profesional acababa de comenzar.
Facundo decidió entonces poner todo de su parte.
En apenas tres años llegó a convertirse en segundo jefe de la División Guardia de Infantería Adiestrada y, según explica, fue el más joven en ocupar ese lugar dentro de la historia de la Guardia de Infantería.
Y allí continúa actualmente.
Hoy disfruta de sus jornadas de trabajo y de los entrenamientos. Pero al hablar de la responsabilidad que tiene sobre otras personas aparece un principio que para él resulta especialmente importante: intentar ser justo.
Actualmente se encuentra al frente de un grupo de alrededor de 100 personas, a las que define como excelentes y que, en muchas ocasiones, considera que simplemente necesitan motivación, orientación y alguien que confíe en ellas.
Su trabajo también está estrechamente relacionado con la formación de otros profesionales.
Cada año coordina los cursos básicos de especialización de Operaciones Motorizadas y de Infantería, una responsabilidad que le ha permitido conocer y trabajar con policías procedentes de diferentes lugares del país.
La unidad en la que trabaja, la División Guardia de Infantería Adiestrada (G.I.A.), tiene como principal función la contención de grandes desórdenes. También participa en determinadas operaciones tácticas y procedimientos de mayor complejidad, entre ellos allanamientos vinculados con investigaciones por narcotráfico, homicidios y otros delitos.
Facundo explica que no viven en un lugar particularmente peligroso y destaca que, afortunadamente, todavía forman parte de una sociedad en la que la Policía conserva un importante nivel de respeto.
Un respeto que, para él, también implica una responsabilidad: trabajar entre todos para conseguir que continúe siendo así.
Sin embargo, la historia de Facundo no puede entenderse únicamente desde las operaciones, la formación, los entrenamientos o las responsabilidades de mando.
Existe otra parte.
Una mucho más humana.
En los últimos años comenzó a observar cómo adquirían mayor visibilidad diferentes situaciones relacionadas con la salud mental dentro de la Policía.
Sintió entonces que quizá podía aportar algo desde otro lugar.
Y empezó a escribir.
Comenzó a poner palabras a situaciones y experiencias que le habían tocado vivir, a las cosas que había aprendido durante aquellos años y también a aquellas que, en determinados momentos, le habían servido para seguir adelante.
Su intención era sencilla: motivar a policías y a quienes aspiraban a convertirse en uno de ellos, pero hacerlo desde una visión más humana y desestructurada de la profesión.
De esa idea nació @detrasdel.uniforme.
Lo que comenzó como una página de Instagram destinada a compartir experiencias terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.
Con el tiempo, aquellas historias comenzaron a llegar a muchas personas porque reflejaban situaciones en las que no solamente se reconocían los propios policías.
También lo hacían sus familias.
Y posiblemente ahí se encuentre una de las partes más importantes de todo el proyecto: ofrecer un espacio a personas que tenían mucho que decir, pero que no siempre encontraban dónde hacerlo.
Porque hay una realidad que atraviesa toda la historia que Facundo quiere contar.
Detrás del uniforme hay una persona.
Una persona que también tiene miedos.
Que tiene sueños.
Que atraviesa frustraciones.
Que realiza sacrificios.
Que comete errores y aprende de ellos.
Y detrás de muchos de esos uniformes existe también una familia que vive una parte de ese camino.
Facundo comenzó su trayectoria queriendo medirse con «tipos rudos». Buscaba acción, preparación y combate. Años después estuvo cerca de abandonar una profesión en la que sentía que ya no podía desarrollar aquello para lo que se había preparado.
Hasta que encontró su lugar.
Hoy dirige, forma y trata de motivar a otros policías. Y, paralelamente, utiliza la palabra para mostrar una dimensión de la profesión muy diferente de aquella que quizá imaginaba cuando era aquel joven que crecía viendo películas de héroes.
Una dimensión en la que la fortaleza no impide hablar de miedos, frustraciones, sacrificios, salud mental o familia.
Esta es la historia que hoy llega a Diario Blue desde Entre Ríos, Argentina.
La historia de Facundo Calveyra.
Un oficial de Policía que, después de años buscando su lugar dentro de la institución, terminó encontrándolo y que hoy quiere mostrar algo que demasiadas veces permanece oculto:
no solamente al policía que todos ven, sino a la persona que existe detrás del uniforme.
Diario Blue: Cuando ingresaste en la Escuela de Oficiales en 2012 reconoces que no sabías demasiado bien dónde te estabas metiendo. Si pudieras encontrarte hoy con aquel Facundo que acababa de entrar, ¿qué le dirías sobre la profesión que estaba a punto de descubrir?
Facundo Calveyra: Le diría que está a punto de descubrir el resto de su vida. Todo lo que hizo desde la infancia fue para prepararlo para esa forma de vida.
Diario Blue: Tu primer destino fue una comisaría cuya jurisdicción estaba formada, aproximadamente en un 80 %, por barrios muy vulnerables. ¿Qué recuerdas de aquellos primeros meses en la calle y qué te enseñaron sobre la realidad policial que no habías aprendido durante tu formación?
Facundo Calveyra: Que todos los valores morales y el entendimiento del bien y del mal que tuve durante mi crianza, por las circunstancias en las que crecí, no aplicaban en personas que crecieron de otra forma, en la que lo que para mí estaba mal, para ellos estaba bien y era natural ver a los policías como los malos, porque ellos crecieron viendo a los policías llevarse presos a sus familiares por «rebuscarse la vida».
Diario Blue: La especialización se convirtió muy pronto en una parte importante de tu carrera y llegaste a ser el primer oficial entrerriano en obtener la distinción tras capacitarte con el Grupo de Operaciones Motorizadas Federales de la Policía Federal Argentina. ¿Qué significó para ti conseguirlo y qué recuerdas de aquellos 30 días de formación?
Facundo Calveyra: De esos 30 días aprendí a llevar mis límites mucho más lejos de lo que humanamente creía posible. Ese lugar no era para los mejores deportistas o los mejores tiradores; era para los que tuvieran la convicción más fuerte de soportar lo inhumano a fin de conseguir su meta.
En distintos ejercicios nos disparaban con balas de goma o material antidisturbios, nos orinaban mientras nos arrastrábamos o, inclusive, nos dejaron una semana durmiendo en el monte bajo las estrellas y asegurándose de que estuviéramos mojados todo el tiempo.
Ahí descubrí que podía ser capaz de lo que me proponga, a pesar de lo que diga o quiera mi organismo.
Diario Blue: Has contado una de las partes menos visibles de tu trayectoria: cuanto más te capacitabas, más dificultades encontrabas para desarrollar precisamente aquello para lo que te habías preparado. ¿Qué fue lo más difícil de aquella etapa y cómo afectó a tu manera de ver la institución?
Facundo Calveyra: La institución no cambia y mi visión sobre ella tampoco. La institución policial no es más que el reglamento que la estructura y crea con los fines más nobles. El resto pasa por decisiones de las personas que la componen, que muchas veces se preocupan por sus intereses personales y no por el bien de la misma Policía.
Y, a veces, esas personas, en cinco años de carrera y decisiones, afectan los mejores cinco años operativos de otros policías.
Diario Blue: Llegaste a comenzar un negocio y a plantearte seriamente abandonar la Policía. ¿Hasta qué punto estuviste cerca de marcharte? ¿Recuerdas algún momento concreto en el que pensaras que tu etapa policial había terminado?
Facundo Calveyra: Mi etapa policial la había dado por terminada. Solo era cuestión de que el negocio me generara los mismos ingresos que la Policía para irme. Al día de hoy lo mantengo. No pagan lo suficiente para dedicarle tu vida a un trabajo que no te guste.
Hoy soy un bendecido que, gracias a suerte y esfuerzo, trabaja de lo que más le apasiona, pero si mañana deja de ser así, no pienso ser un esclavo de la institución.
Diario Blue: En apenas tres años llegaste a ser segundo jefe de la División Guardia de Infantería Adiestrada y, según nos cuentas, el más joven en ocupar ese lugar en su historia. ¿Qué sentiste cuando asumiste esa responsabilidad y qué peso supone saber que tus decisiones afectan directamente a tantas personas?
Facundo Calveyra: Lo que sentí, sencillamente, fue que era la primera vez en mi carrera que podía «meter la cuchara» u opinar sobre algo y surtir un efecto real en la institución y quienes la componen.
Y, a partir de ahí, intento, en lo que esté a mi alcance, que el personal que comando y yo, predicando con el ejemplo, seamos el tipo de policías que yo admiraba cuando era niño: tipos bien entrenados, justos y dispuestos a servir a su comunidad.
Diario Blue: Dices que, por encima de todo, intentas ser justo. ¿Qué significa para ti ser un jefe justo dentro de una institución jerarquizada como la Policía, especialmente cuando tienes que tomar decisiones difíciles?
Facundo Calveyra: Es tan sencillo como que no intento ser visto como el bueno o el malo. Entiendo que el servicio que brindamos a nuestra comunidad es más grande que todas las individualidades, inclusive la mía.
Y, al momento de tomar decisiones, priorizo las capacidades y la capacitación que realiza el personal, y en entender que cada uno de ellos debe sentirse respaldado y poder trabajar con tranquilidad.
Diario Blue: Después de más de una década dentro de la Policía, ¿has sentido miedo alguna vez durante una intervención? ¿Cómo se aprende a convivir con él sin permitir que condicione tus decisiones?
Facundo Calveyra: El «miedo» es la alarma que te mantiene alerta, pero hace años hice las paces con que me pueda pasar lo peor y no permito que esto afecte mis decisiones.
Prefiero ser yo quien pase el riesgo para que mi familia pueda disfrutar de la paz que mi trabajo le trae a la sociedad.
Diario Blue: Después de tantos años de servicio, ¿hay alguna intervención, algún compañero, algún rostro o alguna situación que todavía hoy siga acompañándote y que nunca hayas podido olvidar?
Facundo Calveyra: Es quizás largo de detallar, pero la versión corta de la larga historia es que uno de mis primeros procedimientos fue con un delincuente armado que, al momento que fuimos a detenerlo, intentó tomar de rehén a su propio hijo de 3 años.
Logramos evitarlo, reducirlo y llevarlo detenido, viendo el llanto del niño que, a su entendimiento, los policías éramos los malos que nos llevábamos a su padre. Nunca supo la clase de monstruo que era su padre y lo que podría haber ocasionado.
Diario Blue: Cada año coordinas cursos básicos de especialización de Operaciones Motorizadas y de Infantería. Cuando tienes delante a policías que están comenzando a formarse en estas especialidades, ¿qué intentas enseñarles que vaya más allá de la técnica, la preparación física o los procedimientos?
Facundo Calveyra: Intento que, como me pasó a mí en su momento, descubran que su potencial no tiene límites en tanto y en cuanto tengan la voluntad de alcanzarlo.
Solamente los expongo a situaciones de una intensidad a la que ellos mismos no se expondrían por voluntad propia o que piensan que no serían capaces de atravesar, y los acompaño en el camino de ver que lo que ellos creían que era su 100 % en realidad era su 20 %.
Diario Blue: Has mencionado la creciente visibilidad de los problemas relacionados con la salud mental dentro de la Policía. ¿Crees que dentro de la profesión todavía cuesta reconocer que un policía puede necesitar ayuda?
Facundo Calveyra: Creo que la formación del policía, desde el día 1, consiste en no mostrar debilidad, y decir que se necesita ayuda es demostrar debilidad de alguna manera. Ese paradigma debe cambiar.
Diario Blue: ¿Existe todavía entre los propios policías la idea de que reconocer miedo, agotamiento, frustración o pedir ayuda puede interpretarse como una muestra de debilidad?
Facundo Calveyra: Claro que sí, porque la formación policial no evolucionó mucho en Argentina en los últimos 15 años. En eso hago hincapié al momento de dictar una capacitación, haciendo notar que no somos inmunes al estrés, por más que creamos o queramos mostrar que lo somos.
Diario Blue: Con el crecimiento de la página comenzaste a recibir historias de policías y familias que se reconocían en aquello que escribías. ¿Hay algún mensaje o testimonio que te haya marcado especialmente y te haya hecho comprender la dimensión que estaba adquiriendo el proyecto?
Facundo Calveyra: Recibí algunos mensajes de personas que me agradecieron y me hicieron saber que, gracias a mi experiencia, encontraron la herramienta para aguantar y no pedir la baja cuando estaban a punto de hacerlo.
Y que, semana a semana, esperaban mis palabras de motivación, que les servían para saber cómo afrontar las situaciones que, por experiencia, sé que se iban a encontrar.
Diario Blue: Hablas de las familias porque también viven una parte de esta profesión. ¿Qué crees que soportan, sacrifican o aprenden las familias de los policías que normalmente la sociedad nunca llega a ver?
Facundo Calveyra: Como soportar y sacrificar, claramente la ausencia. Es un trabajo demandante, muy demandante en cuanto a horarios, en cuanto a servicios y más en las tareas que realizamos, que quizás, en mi caso, anualmente me alejan entre 2 y 3 meses al año de mi casa.
Diario Blue: ¿Qué les dirías a aquellos agentes que actualmente atraviesan un momento de desánimo, sienten que su esfuerzo o preparación no son reconocidos y comienzan a cuestionarse si merece la pena continuar?
Facundo Calveyra: Todo pasa y todo llega. Los verdaderos comandos se adaptan a las adversidades. Todas las tormentas pasan y siempre sale el sol. Muchas veces no es una carrera para los que llegan rápido a la meta, sino una carrera para quienes son capaces de llegar al final.
Diario Blue: A lo largo de todos estos años de servicio has vivido numerosas situaciones e intervenciones. ¿Hay alguna intervención o alguna historia que te haya marcado especialmente y que puedas compartir con nosotros? ¿Qué ocurrió y por qué sigue siendo significativa para ti a día de hoy?
Facundo Calveyra: Era mi primer año después de recibirme, cerca de fin de año, durante la finalización de los torneos de fútbol. Estábamos acompañando al equipo visitante, Patronato. De camino nos esperaba la hinchada opuesta para agredirnos, así que pasamos rápido. Después de dejar el colectivo con los jugadores, escuché por la radio que un policía del operativo de la cancha, que estaba a pocas calles, estaba pidiendo apoyo. Estaba solo, parado en una esquina y siendo agredido con piedras, intentando refugiarse dentro de una casa porque no tenía forma de protegerse.
Llegamos con las motos. Yo siempre llevaba una escopeta. La carga provista eran siete cartuchos antidisturbios; yo llevaba el doble por si los necesitaba en ese tipo de servicios, aunque no fuera necesario. Era precavido y prefería estar preparado. Cuando comenzamos a intentar contener el desorden, éramos dos motociclistas y, en medio del tumulto, empecé a escuchar pequeñas explosiones.
Al lograr visualizar, descubrí que una persona nos estaba disparando con una pistola desde el asiento trasero de una moto, a unos 20 metros y entre otras personas. No tenía forma de responder al fuego, así que lo único que pude hacer fue buscar un pequeño refugio hasta que dejó de disparar.
Todo ocurrió en tres o cuatro segundos. Pudimos contener la situación hasta que llegó el apoyo.
La persona efectuó 15 disparos. Para cuando comprendí que eran disparos, ya había efectuado aproximadamente siete. Gasté 12 de los 15 disparos que tenía hasta que llegó el apoyo. Luego de ese día empecé a salir con 40 disparos.
Esa experiencia me hizo entender realmente la importancia de la preparación y la capacitación. Una situación para la que creés estar preparado puede aparecer sin aviso y resolverse en apenas unos segundos. Y cuando esos segundos llegan, ya no hay tiempo para empezar a prepararse.
Diario Blue: Para terminar, después de tantos años buscando tu lugar, encontrándolo y ayudando ahora a otros policías a encontrar el suyo, ¿qué te gustaría que quedara de Facundo Calveyra el día que ya no lleves el uniforme?
Facundo Calveyra: Siempre digo que el día que no lleve más el uniforme quiero que me recuerden por mi trabajo y las cosas que hice, y no por la jerarquía o puesto que ocupé.
Siempre intento sacar lo mejor de cada uno de los policías con los que trabajo, y hay personas que prefieren vivir sin conocer sus capacidades realmente, y está bien, quizás por ellos. Pero no son los que quiero en mi equipo de trabajo.
Quiero que me recuerden por ser esa persona que utilizó su poder dentro de la Policía para contener a quienes comandaba, que muchas veces solamente necesitan algo tan gratuito como un oído o un poco de contención.
Llegamos al final de nuestra entrevista con Facundo Calveyra, una historia marcada por la formación, la perseverancia y la búsqueda de un lugar dentro de la Policía en el que poder desarrollar aquello que realmente le apasionaba.
Facundo también nos deja una reflexión importante sobre el liderazgo: detrás de un rango o de una responsabilidad hay personas que, muchas veces, simplemente necesitan sentirse escuchadas, respaldadas y valoradas.
Y precisamente esa mirada es también la que intenta transmitir a través de Detrás del Uniforme, recordando que detrás de cada policía existen experiencias, dificultades, sueños, sacrificios y una familia que también forma parte del camino.
Desde Diario Blue queremos agradecer a Facundo su tiempo, su confianza y haber querido compartir su historia con nosotros.
Puedes seguir a Facundo Calveyra en Instagram:
https://www.instagram.com/facucalveyra
Y conocer su proyecto Detrás del Uniforme:
https://www.instagram.com/detrasdel.uniforme
Si eres policía, militar o formas parte de este ámbito profesional y quieres contar tu historia en Diario Blue, puedes contactar con nosotros:
Como siempre, nos vemos en la siguiente entrevista de Diario Blue.



