Bienvenidos a Diario Blue
Hay personas cuya historia profesional puede resumirse en un currículo. Y hay otras cuya vida solo puede comprenderse escuchando todo aquello que ocurrió entre un destino y otro, entre una llamada inesperada y una decisión que cambió su rumbo para siempre. La de Juan Carlos Pordomingo pertenece a este segundo grupo. No es únicamente la historia de un guardia civil. Es la historia de un hombre que ha conocido el miedo, la pérdida, el sacrificio, la vocación de servicio y la difícil tarea de volver a empezar cuando parecía que ya no quedaban fuerzas para hacerlo.
Nacido en Zamora en 1971, Juan Carlos creció en el seno de una familia humilde. Su padre trabajaba como conductor de autobús en la línea Zamora-Barcelona y su madre dedicó su vida al cuidado de la familia. Aquella infancia estuvo marcada por el esfuerzo, la sencillez y unos valores que, con el paso de los años, acabarían definiendo también su manera de entender el servicio público.
Curiosamente, de niño no soñaba con vestir un uniforme. Su ilusión era muy distinta. Quería conducir camiones. Pasaba largos ratos observándolos mientras recorrían las carreteras e imaginándose algún día al volante de uno de ellos. Un sueño que, como él mismo reconoce, todavía conserva cuando ve pasar un camión y recuerda al niño que un día fue.
Realizó todos sus estudios en Zamora y, al terminar BUP, comprendió que las oportunidades para un joven que aspiraba a construir un futuro eran limitadas. Mientras muchos de sus amigos aceptaban resignados lo que tenían delante, él sintió la necesidad de buscar algo diferente. No sabía exactamente hacia dónde le llevaría la vida, pero sí tenía claro que debía salir de su zona de confort.
Fue entonces cuando decidió preparar las oposiciones para ingresar en la Guardia Civil.
No procedía de una familia de guardias civiles ni existía una tradición militar detrás de aquella decisión. Simplemente vio una oportunidad para construir un futuro y decidió aprovecharla.
En 1992 ingresó en la Academia de Baeza formando parte de la 98.ª Promoción.
Aquellos nueve meses de formación estuvieron marcados por la disciplina, el esfuerzo, el sacrificio y el compañerismo. Allí descubrió algo que nunca olvidaría: la Guardia Civil no era simplemente un trabajo. Era una forma de vida. Una profesión que exigía compromiso absoluto y que transformó a aquel joven zamorano en un guardia civil dispuesto a servir allí donde fuese necesario.
Su primer destino fue Villardeciervos, un pequeño municipio de su provincia natal. Sin embargo, poco después llegaría una etapa que marcaría profundamente tanto su carrera como su propia forma de entender el valor: Navarra.
Llegó en unos años especialmente difíciles para España.
ETA seguía atentando y la amenaza contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad era constante. El cuartel donde estaba destinado figuraba entre los posibles objetivos de la organización terrorista. Aquella realidad convirtió situaciones cotidianas en escenas cargadas de tensión. Salir vestido de paisano con una pistola oculta bajo la ropa, observar discretamente quién había alrededor antes de entrar en un establecimiento o convivir con la preocupación permanente de que la amenaza también alcanzara a la familia formaban parte de una rutina que jamás llegaba a normalizarse.
Porque uno nunca termina acostumbrándose a vivir mirando constantemente a su alrededor.
Nunca se acostumbra a pensar que alguien puede estar observándole.
Nunca se acostumbra a saber que quienes más quiere también viven con miedo.
Aquellos casi diez años destinados en Navarra le enseñaron que el valor no consiste en no sentir miedo. El verdadero valor consiste en seguir haciendo el trabajo a pesar de él.
Pero Juan Carlos nunca entendió la formación como algo que terminara al abandonar la academia. Mientras continuaba prestando servicio decidió seguir estudiando. Accedió a la universidad a través de la UNED y posteriormente cursó Relaciones Laborales y Recursos Humanos, convencido de que el crecimiento personal nunca debe detenerse.
En 2003 fue destinado a Madrid. Primero desarrolló su labor en el Servicio de Retribuciones y, posteriormente, pasó al Servicio de Criminalística, concretamente al área de Biología.
Profesionalmente atravesaba un momento de estabilidad. Sin embargo, la vida le tenía preparado uno de los golpes más difíciles que puede afrontar cualquier persona.
En 2008 recibió la llamada que ningún marido quiere recibir jamás.
Su esposa, Bea, miembro de la Policía Nacional, había sufrido un grave accidente laboral en el Escuadrón de Caballería tras una caída del caballo.
El diagnóstico era devastador: un traumatismo craneoencefálico severo.
Tres días de lucha.
Tres días aferrándose a la esperanza.
Y después… el silencio.
No existe academia, uniforme ni preparación emocional capaz de enseñar a alguien cómo afrontar una pérdida así.
De un instante para otro desaparecen los planes, desaparece el futuro imaginado y únicamente queda un objetivo: sobrevivir al día siguiente.
Sin embargo, junto al dolor apareció también la necesidad de actuar.
Juan Carlos comprendió que no podía cambiar lo ocurrido con Bea, pero sí podía intentar que ninguna otra familia tuviera que pasar por una tragedia semejante.
Comenzó entonces una larga batalla frente al Ministerio del Interior para reclamar mejoras en la seguridad de los escuadrones de caballería, denunciando la ausencia de medidas de protección adecuadas.
No fue una lucha sencilla.
Pero sí una lucha necesaria.
Aquella perseverancia contribuyó a que se implantaran equipos de protección y nuevas medidas de seguridad que hoy protegen a los hombres y mujeres que continúan desempeñando ese servicio.
No pudo salvar la vida de Bea.
Pero quizá ayudó a salvar la de otros.
Y esa idea continúa acompañándole.
Cuando parecía que la vida ya le había exigido demasiado, en 2017 sufrió un nuevo golpe.
Mientras trabajaba en el Servicio de Criminalística sufrió un accidente laboral que afectó gravemente a su cuello, espalda, hombro y cráneo.
Comenzó entonces otro largo camino de operaciones, tratamientos, rehabilitación y limitaciones físicas que terminaría desembocando, en 2020, en el final de su carrera dentro de la Guardia Civil.
Después de casi treinta años de servicio tuvo que despedirse del uniforme que había marcado prácticamente toda su vida adulta.
Sin embargo, como él mismo reconoce, lo más difícil no fue abandonar la profesión.
Lo verdaderamente duro fue descubrir que, en ocasiones, la burocracia puede resultar fría y que algunas personas ocupan puestos de responsabilidad sin haber aprendido nunca a liderar.
Aquella experiencia le llevó a una reflexión que resume perfectamente su manera de entender el liderazgo.
Los líderes cuidan personas.
Los jefes gestionan números.
Y cuando una institución olvida esa diferencia, quienes terminan pagando el precio son precisamente las personas.
Salió de la Guardia Civil con secuelas físicas y emocionales.
Con una discapacidad.
Con casi cincuenta años.
Y con la obligación de empezar de nuevo desde cero.
Para muchos habría supuesto el final.
Para Juan Carlos fue el comienzo de una nueva etapa.
En 2021 descubrió un camino profesional completamente diferente desde el que continúa ayudando a otras personas. Hoy acompaña a familias, policías, guardias civiles, autónomos y ciudadanos que necesitan asesoramiento para proteger su futuro y afrontar con mayor tranquilidad los imprevistos de la vida.
Porque si algo le ha enseñado todo lo vivido es que la vida puede cambiar en apenas cinco minutos.
Una llamada.
Un accidente.
Una enfermedad.
Una decisión.
Cinco minutos bastan para transformar una vida entera.
Han cambiado los escenarios.
Ha cambiado el uniforme.
Pero no ha cambiado la esencia de quien decidió dedicar su vida al servicio de los demás.
Y quizá la mejor forma de entender quién es Juan Carlos Pordomingo no sea repasando todos los destinos por los que pasó, ni las responsabilidades que asumió durante casi tres décadas de servicio. Quizá baste con leer las palabras con las que él mismo resume toda una vida.
«Soy el hijo de un conductor de autobús y de una madre que dedicó su vida a su familia.
Soy un guardia civil que tuvo que aprender a vivir con pérdidas que nunca imaginó.
Soy alguien que ha caído más veces de las que habría querido.
Y que ha descubierto que la verdadera fortaleza no consiste en no romperse.
Consiste en seguir adelante cuando ya no queda ninguna razón aparente para hacerlo.
Y en ayudar a otros mientras lo haces.»
Esa es, probablemente, la mejor definición de Juan Carlos Pordomingo. Un hombre cuya historia trasciende el uniforme, las condecoraciones y los destinos. Una historia de vocación, sacrificio, resiliencia y humanidad que demuestra que el verdadero servicio no termina cuando uno deja de vestir un uniforme, sino cuando deja de tender la mano a quienes más lo necesitan.
Hoy, en Diario Blue, tenemos el privilegio de conocer de cerca esa historia.
Diario Blue
De niño soñaba con conducir camiones y nunca imaginó que acabaría dedicando casi treinta años de su vida a la Guardia Civil. Si pudiera volver a encontrarse con aquel niño de Zamora, ¿qué cree que sentiría al ver todo el camino que ha recorrido?
Juan Carlos
Si pudiera volver a encontrarme con aquel niño de Zamora, creo que lo primero que haría sería darle las gracias. Creció en una casa humilde, donde nunca sobró nada, pero tampoco faltó lo importante: el cariño de unos padres trabajadores y unos valores que aún hoy me acompañan.
Mi padre recorría media España conduciendo un autobús y yo, cuando veía aquellos camiones enormes por la carretera, soñaba con hacer cosas grandes, con ser alguien.
La vida tenía otros planes. Me puso un uniforme, me enseñó el valor del servicio, me enfrentó al miedo, al dolor y también a la pérdida. Pero si ese niño me mirara hoy, creo que no le impresionaría mi trayectoria. Le haría ilusión comprobar que, a pesar de todo lo vivido, sigo intentando ser buena persona, ayudar a los demás y mantener intactos los valores que aprendí en aquella casa de Zamora. Porque, al final, eso es lo que realmente significa llegar lejos.
Diario Blue
Cuando ingresó en la Academia de Baeza, ¿en qué momento comprendió que la Guardia Civil no era simplemente una profesión, sino una forma de vida?
Juan Carlos
Creo que lo comprendí muy pronto.
En Baeza no solo te enseñan disciplina o legislación; te enseñan que, desde el momento en que te pones el uniforme, dejas de pensar solo en ti. Entendí que ser guardia civil no acababa al terminar el servicio. Era una forma de comportarte, de relacionarte con la sociedad y de asumir una responsabilidad que te acompañaba las veinticuatro horas del día.
Ese sentimiento ya nunca me ha abandonado. Ser guardia civil nunca se abandona.
Diario Blue
Durante casi diez años estuvo destinado en Navarra en plena amenaza de ETA. ¿Cómo se aprende a convivir con el miedo sin permitir que el miedo termine condicionando quién eres?
Juan Carlos
El miedo nunca desaparece. Lo que haces es aprender a que no dirija tu vida.
Mi primer destino en Navarra fue Burguete, junto a Roncesvalles. Parecía idílico, pero fue el año más duro de toda mi carrera. Vivía con la pistola las veinticuatro horas del día, de uniforme y también de paisano. Recuerdo perfectamente cuando encontramos un JOTAKE apuntando hacia nuestro cuartel, preparado para que, al día siguiente, pudieran lanzar granadas contra nosotros. Aquello no era una película; era nuestra realidad. El panadero y el cartero ni siquiera se atrevían a entrar al cuartel por miedo a las represalias. Así se respiraba el ambiente.
Yo tenía dos opciones: dejar que el odio y el miedo me encerraran o seguir viviendo. Elegí vivir. Me refugié en el deporte, hasta el punto de ganar un torneo de frontenis con vecinos del pueblo. Durante unas horas dejamos de ser “ellos y nosotros”; solo éramos personas compartiendo una pista.
Más tarde, pasé destinado a Los Arcos, muy cerca de Logroño, donde decidí empezar la carrera de Relaciones Laborales en Logroño. También encontré una segunda familia sobre una moto, con la peña Los Orujos, recorriendo miles de kilómetros y haciendo amigos que aún conservo.
ETA quiso condicionar nuestra forma de vivir, pero yo tomé la decisión de que jamás condicionaría la mía.
Diario Blue
Hay personas que piensan que el valor consiste en no tener miedo. Usted vivió aquella realidad desde dentro. ¿Qué significa realmente ser valiente cuando sabes que tu vida puede cambiar en cualquier momento?
Juan Carlos
El valor no consiste en no tener miedo; consiste en que el miedo no te domine. Todos teníamos miedo. Quien diga lo contrario, miente. La diferencia está en levantarte cada mañana, ponerte el uniforme y seguir haciendo tu trabajo con la misma profesionalidad, incluso ayudando a quienes te deseaban el mal o impedían al cartero repartir en el cuartel. Eso era ser valiente de verdad.
Diario Blue
¿Qué recuerdos conserva de aquellos años en Navarra que todavía hoy siguen acompañándole cuando echa la vista atrás?
Juan Carlos
Cuando miro atrás, curiosamente no recuerdo primero el miedo, sino a las personas. Recuerdo a mis amigos de la universidad de Logroño y de Los Arcos, que me acogieron como uno más sin importarles que fuera guardia civil.
Recuerdo a mi peña motera, Los Orujos, con quienes recorrí miles de kilómetros por España y Europa y construí amistades que todavía conservo.
Navarra me enseñó que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay gente buena capaz de tenderte la mano. Y esos recuerdos son los que he decidido guardar.
Diario Blue
Después de perder a su esposa, decidió convertir el dolor en una lucha para mejorar la seguridad de los escuadrones de caballería. ¿Qué le dio la fuerza para seguir adelante cuando lo más fácil habría sido rendirse?
Juan Carlos
Perder a Bea me rompió por dentro. Hubo días en los que sentí que la vida había dejado de tener sentido. Incluso deseé irme con ella. Y otros en los que la rabia por lo ocurrido y el inmenso amor que sentía por ella me daban fuerzas para levantarme cada mañana. Comprendí que no podía cambiar lo que había pasado, pero sí intentar que ninguna otra familia viviera lo mismo.
Me refugié en el deporte y convertí en una misión personal conseguir que el uso del casco homologado fuera obligatorio en los escuadrones de caballería. Recogí miles de firmas con mucho esfuerzo y sufrimiento, pero conseguí reunirme con el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para trasladarle una realidad que no podía seguir ignorándose. A finales de 2008, el casco pasó a ser obligatorio en los escuadrones de la Policía Nacional, la Guardia Civil y numerosas policías locales. Además, muchos hipódromos de España lo hicieron por iniciativa propia.
Poco tiempo después, recibí la llamada de la mujer de un compañero del Escuadrón de Caballería de Sevilla. Su marido había sufrido una caída muy grave y se había golpeado la cabeza contra el suelo. El casco le salvó la vida. Solo quería darme las gracias por haber salvado a su marido y a su familia. Aquel día rompí a llorar. Entendí que no había podido cambiar el destino de Bea, pero sí había conseguido cambiar el de otras familias. Y comprendí que, aunque el precio que habíamos pagado fue insoportablemente alto, su muerte no había sido en vano.
Diario Blue
A lo largo de su trayectoria profesional, ¿hubo alguna intervención, alguna historia o alguna experiencia que nunca haya conseguido olvidar y que todavía hoy siga ocupando un lugar especial en su memoria?
Juan Carlos
Es muy difícil quedarse con una sola experiencia.
Recuerdo una patrulla nocturna en Burguete con mi compañero Marcos. Poco tiempo antes habíamos localizado un lanzagranadas apuntando al cuartel y, aquella noche, un vehículo comenzó a perseguirnos a gran velocidad por las carreteras de montaña. Durante unos minutos pensamos que había llegado nuestro momento y que acabaríamos en un enfrentamiento armado. Conseguimos despistarlos entrando en una población, pero esa sensación de miedo, ansiedad y compañerismo nunca se olvida.
Años después viví experiencias muy diferentes en el Servicio de Criminalística, colaborando desde el Departamento de Biología en investigaciones tan importantes como los casos de Pioz o Asunta. Saber que tu trabajo puede ayudar a esclarecer un crimen y dar respuestas a las familias es una responsabilidad enorme. Son recuerdos muy distintos, pero ambos me acompañarán siempre.
Diario Blue
Estuvo destinado en Navarra durante los años en los que ETA seguía atentando y la amenaza contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad era constante. ¿Cómo recuerda aquella etapa y qué significaba levantarse cada mañana sabiendo que salir de casa podía convertirse en un acto de enorme incertidumbre para usted y para su familia?
Juan Carlos
Cuando me comunicaron que mi destino era Navarra, uno de los momentos más difíciles no fue hacer la maleta, sino decírselo a mis padres. Mi madre pasó días llorando porque estaba convencida de que algún día me matarían. Era lo que veía cada día en las noticias. Quizá por eso nunca les conté los momentos más duros que viví allí. No quería que sufrieran más de lo necesario.
En Navarra aprendí que levantarse cada mañana era un pequeño triunfo: significaba haber superado el día anterior y tener la oportunidad de seguir viviendo con normalidad. Nunca salía de casa pensando que no volvería; siempre he sido una persona optimista. Pero tampoco vivía ajeno a la realidad. Sabía dónde estaba y sabía lo que podía ocurrir.
Precisamente por eso decidí estudiar, hacer deporte, hacer amigos y seguir construyendo una vida. Porque el día que dejas que el miedo marque tus decisiones, ese día ya ha conseguido derrotarte.
Diario Blue
Tras casi treinta años de servicio, ¿qué cree que la sociedad desconoce sobre el sacrificio que han asumido miles de guardias civiles durante décadas?
Juan Carlos
Durante muchos años se habló mucho de los atentados, pero muy poco de quienes se levantaban al día siguiente y volvían a ponerse el uniforme, así como de sus familias. El mayor sacrificio no fueron solo los momentos de peligro, sino vivir durante años con esa responsabilidad sin dejar de cumplir con el deber. Creo que eso es algo que la sociedad no siempre ha llegado a conocer.
Diario Blue
Si pudiera cambiar una sola cosa del sistema para proteger mejor a quienes dedican su vida al servicio público, ¿qué cambiaría?
Juan Carlos
En España seguimos teniendo la mala costumbre de escribir los protocolos con la sangre de quienes ya no están. Lo viví con Bea y, desgraciadamente, años después hemos vuelto a vivirlo en tragedias como la de Barbate.
No deberíamos esperar a que alguien muera para corregir un error conocido. La verdadera prevención es la que evita víctimas, no la que llega para homenajearlas.
Diario Blue
Si tuviera delante a un joven que acaba de ingresar en la Academia de Baeza con la misma ilusión con la que usted llegó en 1992, ¿qué consejo le daría antes de comenzar ese camino?
Juan Carlos
Le diría que aproveche cada día, porque la Guardia Civil le va a enseñar mucho más de la vida que de la profesión. Vivirá momentos muy duros, pero también conocerá personas extraordinarias y hará amigos para siempre.
Que nunca pierda la humanidad. Detrás de cada aviso, de cada denuncia y de cada intervención hay una persona que, probablemente, esté viviendo uno de los peores momentos de su vida y espera que pueda ayudarle.
Que lleve el uniforme con orgullo, pero también con humildad. Y cuando un día se lo quite por última vez, que pueda mirarse al espejo con la tranquilidad de haber sido, antes que un buen guardia civil, una buena persona.
Diario Blue
Después de una vida marcada por el servicio en la Guardia Civil, hoy ha iniciado una nueva etapa profesional. ¿En qué consiste su trabajo actualmente y qué le aporta esta nueva forma de seguir ayudando a las personas?
Juan Carlos
Siempre he pensado que una profesión tiene sentido cuando te permite mejorar la vida de los demás. Dejé la Guardia Civil con un enorme vacío, no por desprenderme del uniforme, sino porque un accidente y una discapacidad me obligaron a hacerlo antes de tiempo. Necesitaba volver a sentirme útil.
Hoy lo hago desde otro lugar. Como planificador financiero y gestor hipotecario en Nationale-Nederlanden, acompaño a las familias para que tomen decisiones que les den tranquilidad, tanto en su presente como en su futuro. Les ayudo a proteger a quienes más quieren con un seguro de vida o de salud, a conseguir una hipoteca o a organizar mejor su economía.
Además, sigo colaborando con RAGCE (Asociación de Guardias Civiles Retirados), AJPNE (Asociación de Policías Nacionales Jubilados) y la Asociación de Familias Numerosas de Madrid, porque mi compromiso con las personas no terminó cuando dejé la Guardia Civil.
La vida me enseñó que un seguro de vida no evita una tragedia, pero sí puede evitar que una tragedia destruya también el futuro de una familia. Esa es la razón por la que sigo dedicando mi vida a proteger personas. No cambié mi vocación el día que dejé la Guardia Civil; simplemente encontré otra manera de cumplirla.
Diario Blue
Durante su trayectoria habrá vivido momentos de enorme presión. ¿Cómo conseguía desconectar al llegar a casa o la profesión le acompañaba también fuera del servicio?
Juan Carlos
Nunca permití que la profesión absorbiera a la persona. Ser guardia civil era mi forma de servir a los demás, pero Juan Carlos también necesitaba hacer deporte, estudiar dos carreras y formarse, recorrer kilómetros en moto y disfrutar de los amigos. Ese equilibrio me permitió desconectar, afrontar los momentos más difíciles sin perderme a mí mismo y seguir creciendo como persona.
Con el paso de los años, la vida me volvió a sonreír. Primero llegó Lucía, que me devolvió la ilusión y me recordó que la vida seguía adelante. Años después apareció Graci, la persona con la que hoy comparto mi camino. Y juntos llegaron Martín y Lara, que terminaron de llenar mi vida de sentido.
Gracias a Lucía, Martín, Lara y Graci, he descubierto que, incluso después de pasar por el momento más duro de tu vida, la vida puede volver a ser maravillosa. Y eso es algo por lo que me siento profundamente agradecido.
Diario Blue
Cuando estaba destinado en Navarra, ¿cómo era una jornada cualquiera? ¿Cómo comenzaba el día y cómo terminaba una guardia en aquellos años marcados por ETA?
Juan Carlos
En Navarra trabajábamos a turnos, tripletes: una tarde, una mañana y luego por la noche. Así iban pasando los días, las semanas y los meses. Nuestra misión era tan variada como exigente. Protegíamos a la sociedad, vigilábamos las obras del pantano de Itoiz para evitar sabotajes y permanecíamos siempre alerta ante la amenaza de ETA. Sabíamos cuándo empezaba la jornada, pero nunca lo que nos iba a deparar el día. Y, precisamente, eso hacía que cada guardia fuera diferente.
Con el tiempo aprendí que la incertidumbre también forma parte de la vida. Nunca sabías qué ibas a encontrar tras la siguiente curva o al recibir el siguiente aviso. Pero, lejos de paralizarme, esa responsabilidad reforzaba aún más mi compromiso con la profesión.
De niño soñaba con hacer cosas grandes y con ser alguien. La Guardia Civil me enseñó que hacer cosas grandes no significa salir en los periódicos, sino levantarte cada día con la oportunidad de ayudar a los demás. Y hoy, mirando atrás, sé que aquel niño encontró exactamente lo que estaba buscando.
UNA HISTORIA DE SERVICIO, FORTALEZA Y NUEVOS COMIENZOS
La trayectoria de Juan Carlos demuestra que la vocación de servicio no termina cuando se deja de vestir el uniforme.
A lo largo de esta entrevista hemos recorrido casi tres décadas en la Guardia Civil, sus años destinado en Navarra bajo la amenaza de ETA, su paso por el Servicio de Criminalística y algunos de los momentos que marcaron profundamente su vida.
Su historia habla de responsabilidad, compañerismo, superación y de la capacidad de encontrar una nueva forma de seguir ayudando a los demás.
Desde Diario Blue y Periódico Policial queremos agradecer a Juan Carlos la sinceridad, la confianza y la generosidad con las que ha compartido su historia con todos nosotros.
UNA ASESORÍA GRATUITA PARA NUESTROS LECTORES
Como detalle para la comunidad de Periódico Policial, Juan Carlos ofrece una asesoría financiera completa y totalmente gratuita.
En ella analizará la situación financiera familiar, la protección personal y de salud, así como una hipoteca existente o las distintas posibilidades para conseguir una.
Para solicitarla, será necesario indicar el código: PERIÓDICO POLICIAL
Periódico Policial no recibe ninguna comisión ni beneficio económico por el uso de este código. Se trata de una atención gratuita ofrecida directamente por Juan Carlos a nuestros lectores.
También podrán conocer más sobre su trabajo a través de:
Instagram: https://www.instagram.com/juancarlos.hipotecas?igsh=MWtoYmQwenBhem5oNA==
Página web: www.tuasesorhipotecario.es
Gracias, una vez más, a todos nuestros lectores por acompañarnos en una nueva entrevista de Diario Blue.
Nos vemos en la próxima entrevista, con una nueva historia y una nueva persona dispuesta a compartir su camino.

