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La inteligencia preventiva: anticiparse al conflicto para proteger la seguridad ciudadana

La inteligencia preventiva: anticiparse al conflicto para proteger la seguridad ciudadana

Francisco Hinarejos, oficial de Policía Local y creador del Método CHAKAL, analiza cómo la anticipación y el análisis del riesgo están transformando la prevención de la violencia juvenil y la seguridad ciudadana.

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Bienvenidos una vez más a Diario Blue.

La seguridad ciudadana es una realidad en constante evolución. Las amenazas cambian, los conflictos se transforman y los escenarios donde se desarrollan poco tienen que ver con los de hace apenas una década. Comprender esa evolución se ha convertido en uno de los grandes desafíos para quienes trabajan cada día en la prevención, el análisis y la protección de nuestra sociedad.

Hoy tenemos la oportunidad de conversar con Francisco Hinarejos Murcia, Oficial de Policía Local, analista especializado en violencia juvenil e inteligencia preventiva, formador y creador del Método CHAKAL, una metodología centrada en la detección temprana de riesgos y en la prevención de conflictos antes de que lleguen a materializarse.

Su trayectoria profesional ha estado marcada por una combinación poco habitual entre experiencia operativa, formación académica y capacidad de análisis. Un recorrido que le ha permitido observar desde primera línea cómo evolucionan determinados fenómenos sociales y cómo la violencia juvenil ha cambiado profundamente durante los últimos años.

Francisco ingresó en la Policía Local en el año 2009. Como tantos otros profesionales, comenzó su carrera en la patrulla de seguridad ciudadana, desarrollando funciones relacionadas con la atención al ciudadano, la intervención en incidentes de diversa naturaleza y la resolución de situaciones que forman parte del día a día policial.

Aquellos primeros años fueron fundamentales para construir la base de su experiencia profesional.

La calle le permitió conocer la realidad social sin filtros.

Le permitió observar los problemas que afectan a los ciudadanos, comprender las dinámicas que existen detrás de muchos conflictos y descubrir que, en numerosas ocasiones, los incidentes que terminan ocupando la atención pública son solo la consecuencia visible de procesos mucho más complejos.

Cada servicio, cada intervención y cada actuación aportaban una nueva perspectiva sobre cómo funciona realmente la convivencia y cómo determinados factores terminan generando situaciones de riesgo.

Con el paso de los años llegaron nuevos retos.

Entre 2013 y 2019 formó parte de la Unidad Canina especializada en la prevención y lucha contra el tráfico y consumo de sustancias estupefacientes.

Durante esa etapa desarrolló servicios orientados a combatir la distribución de droga en espacios públicos y entornos frecuentados por jóvenes, participando también en labores preventivas y dispositivos de apoyo a otras unidades policiales.

Aquellos años le permitieron observar algo que terminaría marcando buena parte de su futura especialización.

Detrás de muchos problemas relacionados con la delincuencia juvenil existían factores comunes.

El consumo de drogas.

La búsqueda de pertenencia a determinados grupos.

La necesidad de reconocimiento.

La influencia del entorno.

Y la aparición de dinámicas grupales que, en determinados contextos, podían desembocar en situaciones de conflicto y violencia.

Aquella realidad despertó una inquietud profesional que fue creciendo con el tiempo.

No se trataba únicamente de intervenir cuando aparecía el problema.

La verdadera pregunta era comprender por qué aparecía.

Comprender cómo evolucionaba.

Y descubrir si era posible detectar señales que permitieran anticiparse a determinadas situaciones antes de que estas llegaran a producirse.

Esa inquietud le llevó a continuar ampliando su formación.

Se graduó en Criminología.

Se graduó en Ciencias de la Seguridad.

Realizó un Máster en Terrorismo Yihadista.

Un Máster en Seguridad, Defensa y Liderazgo.

Un Máster en Ciberinteligencia.

Y completó su preparación con formación especializada en OSINT, SOCMINT, análisis e inteligencia aplicada a la seguridad.

Sin embargo, para Francisco la formación nunca ha sido un fin en sí mismo.

Siempre ha buscado convertir ese conocimiento en herramientas útiles para comprender mejor la realidad y mejorar la capacidad de prevención.

En el año 2019 obtuvo la categoría de Oficial de Policía Local tras superar el correspondiente proceso de promoción interna.

Aquella nueva etapa supuso asumir mayores responsabilidades operativas y abrir la puerta a una especialización todavía más profunda en el análisis de fenómenos relacionados con la violencia juvenil.

Coincidiendo con el incremento del fenómeno de las bandas juveniles en Torrejón de Ardoz, se le encomendó asumir responsabilidades en la puesta en marcha y coordinación de una Unidad de Bandas integrada por una veintena de agentes.

Aquella experiencia marcaría un antes y un después en su carrera profesional.

Le permitió trabajar de forma directa en el análisis, seguimiento y prevención de este tipo de grupos.

Comprender sus dinámicas.

Observar su evolución.

Y estudiar cómo determinados conflictos podían desarrollarse mucho antes de hacerse visibles para el conjunto de la sociedad.

Posteriormente participó en diferentes dispositivos relacionados con esta problemática.

Tras los disturbios ocurridos durante las fiestas de Alcalá de Henares, fue requerido para colaborar en labores de prevención, análisis y coordinación operativa durante los años 2023, 2024 y 2025.

Una experiencia que continuó ampliándose cuando, en el año 2025, fue reclamado para incorporarse a la Policía Local de Alcalá de Henares con el objetivo de impulsar y poner en marcha una unidad especializada, participando en la organización y desarrollo de un equipo compuesto por una veintena de agentes.

Toda esa experiencia acumulada durante años terminó desembocando en la creación del Método CHAKAL.

Una metodología propia basada en la inteligencia preventiva.

Un sistema desarrollado a partir de la experiencia operativa, el análisis continuado de la violencia juvenil y la observación de los factores que suelen preceder a los conflictos.

El objetivo del método es claro.

Detectar señales tempranas.

Interpretar patrones de riesgo.

Y facilitar una actuación anticipada antes de que el conflicto alcance niveles de violencia.

Porque si existe una idea que resume buena parte de la filosofía de trabajo de Francisco es precisamente esta:

La violencia no aparece de forma espontánea.

La violencia se construye.

Y durante ese proceso deja señales.

Señales que pueden ser observadas.

Señales que pueden ser analizadas.

Y señales que pueden ayudar a prevenir situaciones futuras si se interpretan correctamente.

Actualmente compagina su actividad profesional con una intensa labor formativa.

Imparte formación especializada dirigida a profesionales de la seguridad y otros colectivos relacionados con la prevención.

Entre las materias que desarrolla destacan la evolución de las bandas juveniles, la inteligencia preventiva, el análisis del entorno digital, el OSINT, el SOCMINT, la ciberinteligencia, la detección de indicadores de riesgo y las metodologías de análisis operativo.

Además, ha participado como ponente en jornadas y acciones formativas tanto a nivel nacional como internacional, compartiendo experiencias y herramientas desarrolladas a lo largo de años de trabajo sobre el terreno.

Su actividad divulgativa también ocupa un lugar importante dentro de su trayectoria.

A través de publicaciones, conferencias y redes sociales comparte contenidos relacionados con seguridad ciudadana, inteligencia preventiva y análisis de las nuevas dinámicas de violencia juvenil, acercando estos conocimientos tanto a profesionales como a ciudadanos interesados en comprender mejor una realidad cada vez más compleja.

También es autor del libro Método CHAKAL Digital, una obra centrada en la evolución de la violencia juvenil y en la aplicación de la inteligencia preventiva al análisis del conflicto.

En una sociedad donde los conflictos ya no se desarrollan únicamente en las calles y donde el entorno digital se ha convertido en un nuevo escenario de confrontación, comprender las señales que preceden a la violencia se ha convertido en una necesidad cada vez más importante.

Precisamente sobre ello hablaremos hoy.

Sobre violencia juvenil.

Sobre bandas.

Sobre inteligencia preventiva.

Sobre redes sociales.

Sobre seguridad ciudadana.

Y sobre la importancia de aprender a observar aquello que ocurre antes de que el conflicto llegue a estallar.

Hoy, en Diario Blue, conocemos más de cerca la trayectoria y la visión de Francisco Hinarejos, un profesional convencido de que la anticipación sigue siendo una de las herramientas más eficaces para construir una sociedad más segura.


Antes de comenzar la entrevista, Francisco Hinarejos ha querido compartir una reflexión sobre la evolución de la violencia juvenil y la importancia de la prevención en la seguridad actual.

"Muchas gracias por vuestro interés y por el tratamiento que estáis dando a la entrevista.

Desde mi experiencia profesional, considero que la violencia juvenil ha sufrido una transformación muy importante durante la última década. El principal cambio es que ya no se desarrolla únicamente en la calle. Hoy conviven un espacio físico y un espacio digital que se retroalimentan constantemente.

Hace años los conflictos dependían en gran medida del contacto presencial y del control territorial. Actualmente, una discusión puede comenzar en redes sociales, escalar en grupos privados de mensajería, difundirse mediante vídeos o publicaciones y terminar materializándose en la vía pública. La tecnología ha acelerado los tiempos del conflicto.

También hemos observado una evolución en las estructuras juveniles. Junto a las bandas tradicionales aparecen grupos menos jerarquizados, entornos de imitación y pequeños núcleos que pueden activarse rápidamente alrededor de una identidad, un barrio, una rivalidad o un contenido viral.

Las redes sociales desempeñan un papel fundamental. No son únicamente un medio de comunicación, sino un espacio donde se construye reputación, se exhibe poder, se lanzan desafíos y se producen procesos de captación y cohesión grupal. Muchas veces la violencia busca una audiencia.

Desde un punto de vista operativo, una de las principales amenazas es reaccionar únicamente cuando el hecho ya se ha producido. La experiencia demuestra que los episodios graves suelen venir precedidos de una serie de señales que pueden ser detectadas.

Por eso considero que la inteligencia preventiva y la anticipación son herramientas esenciales para mejorar la seguridad ciudadana. No se trata de vigilar más, sino de interpretar mejor la información disponible y conectar indicadores que, por separado, pueden parecer poco relevantes.

Entre las señales que con frecuencia aparecen antes de episodios violentos destacaría el incremento de amenazas o provocaciones en redes sociales, los cambios en la dinámica habitual de determinados grupos juveniles, la aparición de símbolos, mensajes o elementos identitarios compartidos, las convocatorias informales o desplazamientos coordinados, el aumento de la tensión entre grupos rivales y la grabación y difusión de contenidos orientados a ganar notoriedad o prestigio.

La prevención eficaz exige una visión multidisciplinar. La seguridad ciudadana no depende exclusivamente de la actuación policial. La colaboración entre policías, centros educativos, servicios sociales, familias y otros actores resulta fundamental para detectar de forma temprana los factores de riesgo.

Mi filosofía de trabajo se basa precisamente en esa idea: anticiparse al conflicto. La inteligencia preventiva consiste en leer las señales antes de que la violencia se materialice y actuar cuando todavía existen oportunidades de reducir el riesgo.

Creo que el gran reto actual es comprender que la violencia juvenil ha cambiado de escenario. Si solo observamos lo que ocurre en la calle, probablemente llegaremos tarde. Es necesario entender también lo que sucede en el entorno digital para poder ofrecer respuestas más eficaces y adaptadas a la realidad actual."

Tras esta reflexión inicial, comenzamos nuestra conversación con Francisco Hinarejos.


PREGUNTAS



Diario Blue: Francisco, después de tantos años observando la evolución de la violencia juvenil, ¿qué es lo que más te preocupa de la realidad que están viviendo muchos jóvenes en la actualidad?

Francisco Hinarejos: Lo que más me preocupa es que la violencia juvenil ha cambiado. Ya no hablamos únicamente de grupos organizados o de conflictos puntuales en la calle, sino de un fenómeno mucho más rápido y complejo.

Hoy, muchos jóvenes construyen su identidad y su reputación también en el entorno digital. Un conflicto que comienza con una provocación en redes sociales puede terminar en una agresión real en cuestión de horas.

Además, me preocupa la normalización de la violencia. Hay menores que la utilizan como una forma de obtener reconocimiento, pertenencia o prestigio dentro de su grupo.

Después de años trabajando sobre el terreno, creo que el mayor error es actuar únicamente cuando el problema ya ha estallado. Necesitamos inteligencia preventiva, coordinación entre familias, centros educativos, servicios sociales y fuerzas de seguridad, y aprender a detectar las señales antes de que el conflicto llegue a materializarse.

La prevención no consiste en reaccionar más rápido, sino en ser capaces de anticiparnos.


Diario Blue: Durante tu etapa en la Unidad Canina comenzaste a observar la relación existente entre el consumo de drogas, determinados grupos juveniles y las conductas de riesgo. ¿Qué aprendizajes te dejó aquella experiencia?

Francisco Hinarejos: La Unidad Canina me enseñó que, muchas veces, el problema no es un hecho aislado, sino que forma parte de un ecosistema.

Trabajando en la prevención del consumo de drogas entre menores y jóvenes, pude observar que en determinados entornos coincidían factores como el absentismo escolar, la falta de supervisión familiar, la necesidad de pertenencia a un grupo y la búsqueda de reconocimiento social.

Aprendí que las drogas no siempre son el origen del problema, sino un indicador más dentro de una situación de vulnerabilidad o de una dinámica grupal de riesgo.

Aquella experiencia también me hizo comprender la importancia de la prevención y de la coordinación entre policía, centros educativos, servicios sociales y familias. Cuando todos trabajan con información compartida, es mucho más fácil intervenir antes de que el conflicto escale.

En cierta medida, esa etapa fue el germen de lo que años después acabaría desarrollando como Método CHAKAL: observar patrones, interpretar indicadores y anticiparse a los riesgos antes de que se conviertan en un problema de seguridad.

Además, mi etapa junto a mi binomio Narco (N99) marcó profundamente mi forma de entender la profesión y me hizo crecer tanto como policía como persona.


Diario Blue: Coincidiendo con el incremento del fenómeno de las bandas juveniles asumiste responsabilidades en la puesta en marcha y coordinación de una Unidad de Bandas. ¿Cómo viviste aquella etapa y qué descubriste sobre estos grupos que la sociedad suele desconocer?

Francisco Hinarejos: Coincidió con una etapa muy importante de mi carrera profesional y, al mismo tiempo, con cierta tristeza por dejar atrás la Unidad Canina. Tras ascender a Oficial en el año 2020 y debido a la problemática que estaba viviendo Torrejón de Ardoz con el fenómeno de las bandas juveniles, me ofrecieron asumir la responsabilidad de poner en marcha y coordinar la Sección de Bandas. Fue un reto importante y una gran responsabilidad.

Aquella experiencia me hizo comprender que no bastaba con intervenir cuando ya se había producido un hecho violento; era necesario anticiparse. Empezamos a analizar el fenómeno desde una perspectiva más amplia: la calle, los centros educativos, el entorno familiar y, cada vez más, el ámbito digital.

Una de las cuestiones que la sociedad suele desconocer es que estos grupos no siempre responden a una estructura criminal tradicional. En muchos casos, hay jóvenes que buscan identidad, pertenencia o reconocimiento y terminan integrándose en dinámicas de violencia y confrontación.

También descubrí que los conflictos rara vez aparecen de forma espontánea. Antes suelen existir señales, tensiones entre grupos, movimientos en redes sociales y procesos de movilización que, si se detectan a tiempo, permiten desarrollar una labor preventiva muy eficaz.

Esa etapa marcó profundamente mi forma de entender el trabajo policial y reforzó una idea que sigo defendiendo: la prevención, la inteligencia y la anticipación son herramientas tan importantes como la propia intervención policial.


Diario Blue: Las redes sociales se han convertido en un escenario más de los conflictos. ¿Hasta qué punto han cambiado las reglas del juego en comparación con los enfrentamientos que podían producirse hace diez o quince años?

Francisco Hinarejos: Las redes sociales han cambiado por completo las reglas del juego. Hace diez o quince años los conflictos se desarrollaban principalmente en la calle y la información circulaba de forma mucho más lenta. Hoy, un enfrentamiento puede comenzar en el mundo digital y terminar en una agresión física horas después.

Durante mi experiencia al frente de una Unidad de Bandas comprobé que las redes sociales no son solo una herramienta de comunicación, sino un auténtico escenario de confrontación. En ellas se construye la identidad del grupo, se busca reconocimiento, se lanzan amenazas, se difunden humillaciones y, en ocasiones, se organizan movilizaciones.

La reputación digital se ha convertido en un factor clave. Muchos jóvenes sienten la necesidad de responder a una provocación pública para no perder prestigio ante su grupo, lo que acelera la escalada del conflicto.

Además, la velocidad es muy diferente a la de hace años. Antes, un problema podía tardar días en extenderse; hoy, un vídeo, una fotografía o un mensaje pueden llegar a cientos de personas en cuestión de minutos y provocar una reacción inmediata.

Por eso creo que la prevención también ha tenido que evolucionar. Ya no es suficiente con conocer lo que ocurre en la calle; es necesario comprender lo que sucede en el entorno digital. Si solo miramos la calle, en muchas ocasiones llegamos tarde.

Eso sí, esta realidad exige formación constante, adaptación e implicación operativa para poder entender unos escenarios que cambian a gran velocidad.


Diario Blue: La inteligencia preventiva es uno de los pilares de tu trabajo. Para quienes nunca han escuchado este concepto, ¿cómo explicarías de forma sencilla qué significa y por qué es tan importante?

Francisco Hinarejos: La inteligencia preventiva consiste, simplemente, en detectar los problemas antes de que se conviertan en incidentes. No se trata de adivinar el futuro, sino de observar, analizar e interpretar indicadores que nos permitan anticiparnos.

En el ámbito de la seguridad ciudadana, muchas situaciones de violencia no aparecen de forma repentina. Antes suele haber señales: cambios en el comportamiento de determinados grupos, conflictos previos, movimientos en redes sociales, concentraciones, amenazas o disputas territoriales. La inteligencia preventiva consiste en unir todas esas piezas para comprender qué puede ocurrir y actuar antes de que el problema estalle.

A lo largo de mi trayectoria, especialmente al frente de unidades especializadas en bandas juveniles, he comprobado que la prevención es mucho más eficaz que la reacción. Evitar una agresión siempre tendrá más valor que intervenir cuando el daño ya está hecho.

Por eso considero que la inteligencia preventiva es una herramienta fundamental. No sustituye al trabajo policial tradicional, sino que lo complementa, permitiendo tomar mejores decisiones, optimizar recursos y, sobre todo, proteger a los ciudadanos antes de que se produzca la violencia.


Diario Blue: ¿Estamos llegando tarde a la hora de comprender lo que ocurre con una parte de nuestra juventud?

Francisco Hinarejos: Creo que todavía estamos a tiempo, pero durante muchos años hemos llegado tarde en algunos aspectos. El fenómeno de la violencia juvenil ha evolucionado muy deprisa y, en ocasiones, hemos intentado abordarlo con herramientas pensadas para una realidad que ya no existe.

Una parte de nuestra juventud está creciendo en un entorno donde la identidad, el reconocimiento y las relaciones sociales también se construyen en el mundo digital. Los conflictos ya no se desarrollan únicamente en la calle o en los centros educativos; empiezan en redes sociales, se alimentan con la exposición pública y, en algunos casos, terminan trasladándose al espacio físico.

También creo que es un error etiquetar a toda una generación. La inmensa mayoría de los jóvenes no participa en estas dinámicas y tiene proyectos de vida positivos. El reto está en detectar a aquellos que se encuentran en situación de vulnerabilidad o que están siendo captados por entornos violentos antes de que el problema se consolide.

Mi experiencia me ha enseñado que la seguridad no puede ser solo una cuestión policial. Familias, centros educativos, servicios sociales, administraciones y fuerzas de seguridad debemos trabajar de forma coordinada. La prevención y la intervención temprana son las herramientas más eficaces.

Si queremos comprender lo que ocurre con una parte de nuestra juventud, primero debemos escucharla y entender cómo ha cambiado su realidad. Solo así podremos anticiparnos y ofrecer respuestas eficaces.

Diario Blue: Si hoy tuvieras delante a un padre o una madre preocupados por su hijo adolescente, ¿cuáles serían las señales que les recomendarías no ignorar jamás?

Francisco Hinarejos: Lo primero que les diría es que no tengan miedo, pero que tampoco miren hacia otro lado. En mi experiencia, los problemas graves rara vez aparecen de un día para otro; normalmente existen pequeñas señales previas que, por separado, pueden parecer normales, pero que juntas merecen atención.

Les recomendaría no ignorar cambios bruscos de comportamiento, un aislamiento repentino de la familia, nuevas amistades sobre las que el adolescente no quiere hablar, un aumento injustificado del secretismo con el teléfono móvil o las redes sociales, o la aparición de una actitud excesivamente agresiva o desafiante.

También prestaría atención a cambios en la forma de vestir asociados a determinados grupos, la utilización de símbolos o expresiones que antes no empleaba, la obsesión por la reputación dentro de las redes sociales o la participación en conflictos que se desarrollan en el entorno digital.

Pero hay algo aún más importante: mantener la comunicación. Muchos padres buscan respuestas cuando el problema ya es evidente. Mi consejo es hablar antes, escuchar más y juzgar menos. Un adolescente que siente que puede contar lo que le ocurre tiene muchas menos posibilidades de buscar refugio en entornos que puedan ponerle en riesgo.

Y me gustaría lanzar un mensaje de tranquilidad: la inmensa mayoría de los jóvenes no terminará formando parte de grupos violentos. El objetivo no es vivir con miedo, sino estar atentos y actuar a tiempo cuando aparecen factores de riesgo. La prevención empieza en casa y la familia sigue siendo el mejor sistema de protección que existe.

Diario Blue: ¿Qué consecuencias puede tener para un joven buscar reconocimiento, prestigio o aceptación dentro de determinados grupos?

Francisco Hinarejos: La necesidad de sentirse aceptado, reconocido o formar parte de un grupo es algo natural durante la adolescencia. El problema aparece cuando ese reconocimiento solo se consigue a través de la violencia, la intimidación o la participación en conductas delictivas.

En mi experiencia profesional, muchos jóvenes no entran en estos entornos buscando cometer delitos; entran buscando identidad, amistad o protección. Sin embargo, una vez dentro, el grupo suele imponer sus propias normas y el prestigio se mide por la capacidad de asumir riesgos, enfrentarse a otros grupos o demostrar lealtad mediante actos cada vez más violentos.

Además, las redes sociales han amplificado este fenómeno. Hoy, una pelea, una amenaza o una humillación pueden convertirse en un escaparate público donde algunos jóvenes sienten que tienen que demostrar quiénes son para mantener su reputación ante los demás.

Las consecuencias pueden ser muy graves. No solo desde el punto de vista legal, sino también personal y familiar. Un adolescente puede romper con su entorno, abandonar sus estudios, normalizar la violencia y condicionar su futuro por decisiones tomadas en un momento en el que buscaba simplemente sentirse parte de algo.

Por eso es tan importante ofrecer alternativas positivas de pertenencia. La familia, el deporte, la educación, las asociaciones juveniles y un entorno social saludable pueden proporcionar ese sentimiento de identidad y reconocimiento sin que el joven tenga que asumir dinámicas destructivas.

Al final, todos necesitamos sentir que pertenecemos a algún lugar. La responsabilidad de la sociedad es conseguir que ese lugar no sea un entorno violento.

Y esto tiene que quedar claro para padres, educadores y policías: muchas veces un joven no busca ser delincuente, busca ser importante para alguien. La diferencia está en quién le ofrece ese reconocimiento primero.


Diario Blue: A menudo se habla de privacidad y seguridad en internet. Desde tu experiencia, ¿cuáles son los errores más graves que siguen cometiendo los jóvenes en redes sociales?

Francisco Hinarejos: Creo que el principal error es pensar que lo que ocurre en internet no tiene consecuencias en la vida real. Muchos jóvenes consideran las redes sociales un espacio privado, cuando en realidad son un escaparate donde cada publicación deja una huella digital.

Desde mi experiencia, uno de los errores más graves es compartir demasiada información personal: dónde están, con quién se encuentran, qué lugares frecuentan o cuáles son sus rutinas. Esa información puede ser utilizada por personas con malas intenciones para localizarles, acosarles o involucrarles en conflictos.

Otro error frecuente es creer que un mensaje o una fotografía desaparecen porque se borran. En el entorno digital, casi todo puede ser capturado, reenviado o difundido en cuestión de segundos, y una decisión impulsiva puede tener consecuencias durante mucho tiempo.

Además, las redes sociales se han convertido en un auténtico escaparate para determinados grupos violentos y bandas juveniles. A través de ellas proyectan una imagen de poder, prestigio y pertenencia que puede resultar atractiva para adolescentes que buscan reconocimiento o identidad. En algunos casos, incluso se producen procesos de captación mediante contactos, mensajes o la exhibición de un estilo de vida que no refleja la realidad.

También preocupa la búsqueda constante de aceptación en el entorno digital. Algunos jóvenes publican amenazas, exhiben armas, drogas o participan en retos y conductas de riesgo sin ser conscientes de las consecuencias personales y legales que pueden tener.

Mi recomendación siempre es la misma: utilizar las redes sociales con la misma prudencia con la que actuarían en la calle. La seguridad digital forma parte de la seguridad personal y las familias deben interesarse no solo por dónde están sus hijos, sino también por el entorno digital en el que se relacionan.

La tecnología no es el problema. El verdadero desafío es aprender a utilizarla con responsabilidad y comprender que hoy una parte importante de la prevención también pasa por entender lo que ocurre en las redes sociales.


Diario Blue: ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a padres, educadores y jóvenes sobre los riesgos que pueden esconderse detrás de una pantalla y que muchas veces pasan desapercibidos?

Francisco Hinarejos: El mensaje que me gustaría transmitir es que no debemos tener miedo de la tecnología, pero sí aprender a comprenderla. Hoy, una parte muy importante de la vida de nuestros jóvenes transcurre detrás de una pantalla, y pensar que lo que ocurre allí no tiene importancia es un error.

A los padres les diría que se interesen por la vida digital de sus hijos con la misma naturalidad con la que se interesan por sus amistades o por cómo les ha ido el día en el colegio. No se trata de controlar, sino de acompañar, dialogar y estar presentes.

A los educadores les pediría que sigan formando no solo en conocimientos, sino también en pensamiento crítico y seguridad digital. Los jóvenes necesitan herramientas para identificar manipulaciones, riesgos y dinámicas de violencia que muchas veces se esconden tras perfiles aparentemente normales.

Y a los jóvenes les diría que detrás de una pantalla no todo es lo que parece. En redes sociales existen engaños, procesos de manipulación y, en algunos casos, incluso captaciones por parte de grupos violentos que utilizan internet como un escaparate para proyectar una imagen de poder, prestigio y pertenencia. Lo que empieza como un simple contacto o una conversación puede terminar generando situaciones muy complicadas.

Mi experiencia me ha enseñado que la prevención comienza mucho antes de que aparezca el delito. Empieza con una conversación en casa, con un profesor que detecta un cambio de comportamiento o con unos padres que se interesan por el entorno digital de sus hijos.

La pantalla no separa dos mundos distintos. El mundo digital y el mundo real forman parte de la misma realidad, y las decisiones que se toman en uno tienen consecuencias en el otro. Por eso, proteger a nuestros jóvenes también significa acompañarlos en su vida digital.

Si queremos proteger a nuestros jóvenes, no basta con preguntarles dónde van; también debemos interesarnos por quién les influye y qué ocurre al otro lado de la pantalla.

Diario Blue: Si hoy pudieras sentarte frente al Francisco Hinarejos que comenzó su carrera policial en 2009, con toda la experiencia, los aprendizajes y las vivencias que has acumulado durante estos años, ¿qué sería lo primero que le dirías?

Francisco Hinarejos: Lo primero que le diría es que nunca pierda la curiosidad y las ganas de aprender. Cuando entré en la Policía en 2009 pensaba que la seguridad se entendía principalmente desde la intervención, pero con los años he descubierto que muchas veces el trabajo más importante es el que evita que el conflicto llegue a producirse.

Le diría que escuche mucho a los compañeros con experiencia, que observe y que nunca deje de formarse. Mi paso por la Unidad Canina, el trabajo contra el tráfico de drogas, el ascenso a Oficial y la responsabilidad de coordinar una Unidad de Bandas me enseñaron que cada etapa aporta una visión diferente de la profesión.

También le diría que no se conforme con mirar solo lo que ocurre en la calle. El fenómeno de la violencia juvenil iba a cambiar y una parte importante del conflicto se trasladaría al entorno digital. Comprender las redes sociales, los procesos de captación, la construcción de la reputación y la inteligencia preventiva sería tan importante como conocer el territorio físico.

Pero, sobre todo, le diría que detrás de cada intervención hay personas. Que no pierda la humanidad, que recuerde que muchos jóvenes que hoy toman malas decisiones aún están a tiempo de cambiar su camino y que la prevención puede transformar vidas.

Y, a nivel personal, le diría que disfrute del camino. Que habrá momentos difíciles, noches complicadas y decisiones importantes, pero que todo ese esfuerzo le permitirá ayudar a muchas personas, formar a otros profesionales y aportar una visión diferente de la seguridad basada en la anticipación y el conocimiento.

Si pudiera resumirlo en una sola frase, le diría: “No te limites a reaccionar ante los problemas, aprende a entenderlos antes de que ocurran.”


Diario Blue: Después de tantos años de servicio, análisis y trabajo sobre el terreno, ¿existe alguna historia o experiencia que siga acompañándote con el paso del tiempo y que haya dejado una huella especial en tu forma de entender la seguridad, la violencia o incluso la vida?

Francisco Hinarejos: Han sido muchos años de servicio y muchas experiencias difíciles, pero si hay algo que ha marcado mi forma de entender la seguridad es comprobar que detrás de muchos episodios de violencia hay historias que comenzaron mucho antes y que nadie supo interpretar a tiempo.

Mi trabajo en la Unidad Canina, la lucha contra el tráfico de drogas y, posteriormente, el ascenso a Oficial y la responsabilidad de coordinar una Unidad de Bandas me permitieron ver cómo muchos jóvenes no aparecían de repente en un entorno violento. Antes habían existido pequeños cambios, conflictos familiares, fracaso escolar, malas compañías o procesos de captación que pasaban desapercibidos.

Cuando asumí la responsabilidad de la Sección de Bandas, en un momento en el que convivían ocho bandas activas en el municipio, descubrí que una parte muy importante del conflicto ya no se estaba desarrollando únicamente en la calle. Tuve que aprender a comprender el entorno digital, interpretar su lenguaje y analizar las dinámicas que se producían en las redes sociales para poder anticiparme y prevenir agresiones.

Fue entonces cuando entendí que muchas veces el primer aviso de un enfrentamiento no estaba en una llamada policial, sino en una publicación, una amenaza, una exhibición de armas o una escalada de mensajes entre grupos rivales.

Ese descubrimiento cambió por completo mi forma de trabajar. Comprendí que la seguridad no puede basarse únicamente en reaccionar cuando el problema ya está encima de la mesa, sino en detectar las señales y actuar antes de que la violencia llegue a producirse.

Pero, probablemente, lo que más me ha marcado han sido los encuentros, años después, con algunos de aquellos jóvenes. A día de hoy, algunos me paran por la calle para darme las gracias. Me dicen que, aunque en aquel momento no lo entendían, la intervención policial, el seguimiento realizado o el trabajo coordinado con sus familias y otros profesionales les ayudó a salir de ese entorno. Algunos incluso me han dicho que gracias a ese trabajo hoy no están en prisión y, probablemente, siguen vivos.

Esos momentos te hacen comprender que la función policial va mucho más allá de denunciar o detener. También consiste en prevenir, orientar y, cuando es posible, ofrecer una oportunidad para cambiar el rumbo de una vida.

Esa experiencia me reafirmó en una convicción que sigue guiando mi trabajo: la inteligencia preventiva, la anticipación y la colaboración entre familias, educadores, servicios sociales y fuerzas de seguridad son las herramientas más eficaces para proteger a nuestros jóvenes.

Esa es, probablemente, la mayor lección que me ha dejado la carrera policial: muchas veces, la mejor actuación es aquella que consigue que un joven tenga un futuro y que una familia no tenga que lamentar una tragedia.

El mayor éxito profesional no es detener a un joven; es conseguir que nunca tenga que volver a cruzarse contigo como delincuente y que pueda construir una vida lejos de la violencia.



Llegamos al final de esta entrevista con Francisco Hinarejos.

Desde Diario Blue queremos agradecerle sinceramente el tiempo que nos ha dedicado y la cercanía con la que ha compartido su experiencia profesional, sus reflexiones y su visión sobre la prevención, la violencia juvenil y los desafíos que plantea el entorno digital.

Conversaciones como esta nos recuerdan que, detrás de cada uniforme, existen profesionales que dedican años a comprender problemas complejos con un objetivo muy claro: intentar que determinados conflictos nunca lleguen a producirse.

Si deseas conocer más sobre su trabajo, sus publicaciones y los contenidos que comparte relacionados con inteligencia preventiva, seguridad, análisis del entorno digital y violencia juvenil, puedes seguirle en Instagram:

🟦 @franhinarejosm

Gracias, Francisco, por acompañarnos en Diario Blue y por compartir con nuestros lectores una parte de tu trayectoria y de tu forma de entender la seguridad.

Y gracias también a todos vosotros por acompañarnos una entrevista más.

Te esperamos en la próxima entrevista de Diario Blue.

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